El mito de la media luna chiíta

PDFImprimir

Escrito por MICHAEL BRONING

AMÁN – Recientemente, el Viceprimer Ministro de Israel, Shaul Mofaz, pronunció un claro veto sobre una de las cuestiones clave para el proceso de paz de Medio Oriente. Devolver las Alturas del Golán a Siria le daría a Irán un punto de apoyo en la frontera israelí y por lo tanto sería no sólo ingenuo políticamente sino irracional.

La declaración de Mofaz es sintomática de una percepción que ya está profundamente arraigada no sólo en Medio Oriente sino también en Estados Unidos. Es la idea de que un Irán hegemónico trata de dominar la región mediante una serie de intermediarios chiítas. Se cree que esta quinta columna iraní se extiende desde Beirut vía Damasco y Gaza hasta Bagdad y desde Irán hasta Arabia Saudita y Yemen. Se dice que los recientes enfrentamientos armados entre Hezbollah y el gobierno libanés son una señal más del alcance de la hegemonía de Irán.

Irónicamente, esta percepción le da a Israel algunos aliados inesperados. El Presidente Hosni Mubarak de Egipto afirma que los chiítas “siempre son fieles a Irán”, mientras que el Rey Abdullah de Jordania ha acuñado un axioma sobre el crecimiento de la “media luna chiíta”. Se alega que este “auge de los chiítas” y la resultante división entre sunitas y chiítas está creando una brecha creciente en la región.

Si bien esta percepción puede ser convincente a primera vista, en el fondo se basa en generalizaciones que revelan más acerca de sus proponentes que de la realidad en el terreno.

Tomemos por ejemplo a Iraq, donde frecuentemente se culpa a la “media luna chiíta” de gran parte del caos. Los acontecimientos recientes en Iraq supuestamente indican un choque fundamental entre sunitas y chiítas en la región y dan testimonio de la malévola interferencia iraní. Pero, ¿es Iraq verdaderamente sintomático de un proyecto chiíta más amplio?

Es cierto que las tensiones sectarias entre sunitas y chiítas en Iraq han aumentado desde la caída de Saddam. Pero contrariamente a la percepción general, los chiítas iraquíes no forman un bloque homogéneo que se opone a los sunitas, supuestamente unidos. En efecto, la verdad es la opuesta. A la luz del nacionalismo iraquí que cruza las fronteras sectarias, es exagerado considerar a los chiítas iraquíes como simples intermediarios de Irán.

En cambio, lo que estamos presenciando en Iraq hoy en día no es una fricción creciente entre comunidades religiosas, sino una intensificación de las pugnas internas por el poder dentro de las comunidades sunitas y chiítas. La violencia continua en Basora y los enfrentamientos entre los “Consejos del despertar” sunnitas y Al Qaeda en Iraq lo demuestran. De hecho, el actual aumento de las tensiones indica una creciente lucha política entre la posición federalista del Primer Ministro chiíta, Nouri Al Maliki, y la posición centralista del clérigo chiíta Moqtada al Sadr. Esta lucha definirá a fin de cuentas la estructura política de Iraq.

En este punto es donde opera la cooperación entre sunitas y chiítas. Los centralistas sunitas y chiítas de Iraq, en gran medida inadvertidos, han logrado formar en los últimos meses una plataforma parlamentaria unida que hace a un lado las tensiones sectarias. Más de cien seguidores de Ayad Allawi, Al Sadr, y otros se han unido a ellos. Esta plataforma suprasectaria pide una administración por el gobierno central de los recursos naturales de Iraq y el aplazamiento del inminente referéndum para decidir el estatus de la ciudad de Kirkuk.

También son dignos de señalar los cambios en el gobierno. Los ministros sunitas que habían boicoteado al gobierno desde el año pasado han regresado a sus puestos. Así pues, en Iraq hay tanto un aumento de la violencia intrasectaria como pasos cautelosos para formar alianzas intersectarias.

¿Y qué sucede en Irán? Contrariamente a los ejercicios de achacar culpas que hace Estados Unidos, no se puede acusar a Irán de adoptar una postura agresiva incontrolada hacia Iraq. Naturalmente, a ninguno de los encargados de la toma de decisiones en Irán  le interesa un éxito estadounidense en Iraq que pudiera volver a poner el cambio de régimen en Irán en la agenda. Pero las razones subyacentes de la política económica, social y militar de Irán parecen ser principalmente defensivas.

El recuerdo de los ocho años de guerra agresiva de Iraq contra Irán en los años ochenta no se ha disipado. Desde el punto de vista iraní, cualquier amenaza futura proveniente de Iraq debe evitarse garantizando la participación de chiítas y kurdos en el gobierno de ese país.

Muchos observadores no captan estas complejidades cuando escuchan la cómoda y fascinante retórica de la “media luna chiíta”. Pero los árabes comunes las notan. Una encuesta reciente de la Universidad de Maryland indica que la gran mayoría de los árabes de la región considera al Presidente iraní Mahmud Ahmadinejad como uno de los tres líderes políticos más populares del mundo. Sólo un 11% identificó a Irán como la mayor amenaza a su seguridad. Entonces, si realmente existe una amenaza chiíta organizada por Irán, ¿por qué la ignoran quienes supuestamente son sus objetivos –las mayorías árabes sunitas?

En lugar de describir objetivamente la situación política actual en Medio Oriente, la idea de una amenaza iraní fundamental se está utilizando para mantener el apoyo incondicional de Occidente a regímenes cada vez más inestables. Además, la exageración de la amenaza que representa Irán también se usa como un pretexto a modo para la inflexibilidad política y el estancamiento de los procesos de reforma en toda la región.

Pero exagerar la supuesta amenaza chiíta tiene un precio. El discurso continuo de la “división entre sunitas y chiítas” podría convertirse en una profecía que se cumple a sí misma. Al final, la retórica alarmista podría poner en peligro el statu quo de la región en lugar de protegerlo.

Michael Bröning es director de la Fundación Friedrich-Ebert en Amán, Jordania. Es una fundación política afiliada al Partido Socialdemócrata de Alemania.

Apoye la Iniciativa de Ginebra: envíe un e-mail a info@pazahora.net

Escriba en la línea de asunto: "Apoyo Ginebra", e informe su nombre completo, profesión/actividad y ciudad/provincia.

Diseñado por
TWICEBLUE web design