Obama es un zorro
Escrito por XAVIER BATALLA
Hay que regresar a Isaiah Berlin para entender a Barack Obama. Berlin, cuyo centenario se conmemoró el pasado 6 de junio, se inspiró en una antigua fábula griega para explicar, a propósito de un ensayo sobre Tolstoi, que hay personajes que son zorros, ya que no se agarran a una única explicación de la historia, y que otros se comportan como erizos, por cuanto prefieren aferrarse a una gran teoría de la historia. Obama, según lo sucedido desde que tomó posesión de la presidencia, no parece un erizo.
El realismo puede resultar muy rígido en sus planteamientos ("No hay amigos permanentes en las relaciones internacionales, sólo intereses permanentes", decía lord Palmerston), pero eso lo vacuna de mesianismos como el neoconservador, empeñado en cambiar el mundo con una idea fija. Y el liberalismo internacionalista puede parecer simplista por equiparar la democracia con la paz y promover la cooperación y los derechos humanos, pero, en el fondo, tiene algo de realismo, aunque con una cucharada de azúcar (multilateralismo).
¿Por qué? Porque también da prioridad a los intereses nacionales. Los neoconservadores pretendieron que la realidad se adaptara a sus planes e hicieron un flaco favor a los intereses nacionales.
¿Dónde, entonces, situamos a Obama? Si fuera un erizo en política exterior, ya se habría impacientado con quienes no comparten su gran idea sobre cómo debe funcionar el mundo. Pero, de momento, no ha dicho tener una gran idea. "He venido aquí a escuchar, no a dar lecciones", dijo en su primera visita a Europa para participar en la reunión del G-20 (industrializados y emergentes), que el pasado abril subrayó la creciente difusión del poder. Es decir, Obama dice aprender de la práctica, que no es lo mismo que ser un pragmático ramplón. Según Hillary Clinton, el objetivo es un "poder inteligente".
El erizo contempla el mundo como algo susceptible de ser manejado por una única fuerza, sea esta el choque de civilizaciones, que es la obsesión de Samuel Huntington; la globalización, cuyo apóstol es Thomas Friedman; o la propagación de la democracia, que es lo que dicen los neoconservadores que los anima. Pero los erizos, que decidieron invadir Iraq, no se paran aquí: también son partidarios de la teoría del gran líder; según esta visión, la guerra fría no habría terminado si no hubiera sido por Ronald Reagan. Zbigniew Brzezinski, ahora próximo a Obama, ha ridiculizado esta idea. "Millones de estadounidenses fueron bombardeados con la idea de que la derrota del comunismo soviético había sido obra de un solo hombre. En su versión más simplista, esta interpretación de la historia podía llegar a adoptar la forma de un cuento de hadas", ha escrito (Tres presidentes, Paidós, 2008).
El zorro es más cauto y ajusta su visión general a la luz de los acontecimientos. El erizo se agarra a una idea simple (a menudo simplista). Bush quiso propagar la democracia a mamporros; Obama no renuncia a la extensión de la democracia por el mundo (idealismo), pero se mueve sin ignorar los hechos. Obama actúa ahora como un realista en los contenciosos con Corea del Norte e Irán, en los que sabe que necesita el concurso de China y Rusia, respectivamente, ya que son aliados de los dos regímenes que amenazan con la proliferación nuclear. Pero, en el conflicto palestino-israelí, Obama no deja de tener un arrebato liberal internacionalista; en su discurso de El Cairo se mostró realista, pero no se olvidó de subrayar que el respeto de los derechos humanos debe formar parte de la solución, lo que levanta ampollas entre los fundamentalistas de los dos bandos. Y no faltan los que, como Michael Tomasky, editor de Guardian America, también creen haber hallado en Obama alguna gota neoconservadora; la prueba estaría en el conflicto de Afganistán, donde el envío de más tropas estadounidenses ha sido aplaudido por los neoconservadores. ¿Quién es, entonces, Obama? Un zorro.
Fuente: La Vanguardia - 13/6/2009.

