No amenacen y no bombardeen
Escrito por GABY SCHEFFER
Es dudoso que los oficiales de Tzahal que recomiendan bombardear en Irán entiendan las amplias implicancias de la jugada. Esta situación, en la que el sistema de seguridad fija la mayoría de las medidas militares y políticas, debe cambiar.
Muchos recuerdan la sonrisa del comandante saliente de la Fuerza Aérea, general Eliezer Shkedi, en la entrevista que concediera antes de su retiro. Como se recordará, dijo que había hecho todo lo correcto en la fuerza. La interpretación de sus palabras y de su misteriosa sonrisa fue que se refería al ejercicio aéreo en preparación del ataque a los reactores nucleares en Irán, y al ataque a la instalación nuclear en Siria.
Shkedi no es el único que habla y sonríe así. Oficiales del ejército que sirven en Tzahal y oficiales retirados, hablan abierta o anónimamente, y dicen o insinúan no sólo que Israel está preparado para atacar en Irán, sino que lo debe hacer. Por eso, no sorprende que dichas palabras hayan provocado enérgicas reacciones en el mundo. Y, como se sabe, hay quienes dicen también que la pronunciada suba de los precios del petróleo depende, en parte por lo menos, de estas amenazas de los israelíes.
Como en el bombardeo del reactor en Irak antes de las elecciones de 1982, también aquí parece que Tzahal y la Fuerza Aérea no sólo preparan a las fuerzas para la acción. También preparan el terreno desde el punto de vista de los políticos israelíes, los militares, los iraníes, los países árabes, Estados Unidos y la opinión pública en Israel.
En el caso del reactor en Irak, la Fuerza Aérea se preparó por un largo tiempo para el operativo, y es de suponer que, bajo la presión de la Fuerza Aérea y por consideraciones electorales del primer ministro de entonces, Menajem Beguin, el reactor fue bombardeado. Es lógico pensar que el mismo patrón haya funcionado también en el caso del bombardeo sirio hace algunos meses, y es probable que así sea también en el caso iraní.
Se trata de claros ejemplos del status de Tzahal y de la Fuerza Aérea y sus comandantes en el proceso de fijación de políticas en asuntos externos y militares de Israel. Aun si supusiéramos que Tzahal debiera tomar parte en las decisiones tácticas en relación con operativos militares, no debe influir en las jugadas estratégicas decisivas, como las decisiones sobre el bombardeo a instalaciones nucleares.
Medidas de esta naturalezas tienen implicancias de seguridad en el corto y en el largo plazo, y no se puede desconectar las decisiones militares de temas de política exterior israelí. Estos dos temas deben estar manejados pura y exclusivamente por los políticos.
En este contexto, es dudoso que la mayor parte de los oficiales de Tzahal, en ejercicio y en retiro, que recomiendan praparativos con vistas a medidas ofensivas de esa naturaleza y la posibilidad de ponerlas en práctica, entiendan y valoren exactamente las muy amplias significaciones de tales acciones.
Hasta ahora, en la mayoría de los casos, las consideraciones de política exterior israelí y las de política interna fueron relegadas en favor de las consideraciones militares. Es un grave problema, no sólo en el proceso de diseño de las políticas israelíes en todo lo tocante a los problemas de status de Israel en el Medio Oriente, sino en lo tocante a las bases del régimen democrático israelí, ya de por sí enclenque. Se debe cambiar esta situación histórica según la cual Tzahal y el sistema de defensa son los que determinan la mayoría de las movidas militares y de estado.
En cuanto al caso concreto, no sólo no conviene, sino que Israel no debe amenazar con utilizar su fuerza militar para acabar con la amenaza iraní, que aún carece de respaldo en el sentido de la capacidad iraní en esta área. Y ello, por varias razones:
Primero, Israel carece de poder de disuasión alguno frente a países o movimientos fundamentalistas en el Medio Oriente. Las amenazas israelíes sólo intensifican la oposición de principio, cuando no estimulan contra-medidas concretas de países y movimientos árabes en la zona.
Segundo, la situación en la región toda es sumamente compleja. Es cierto que, por un lado, existen factores fundamentalistas que amenazan a Israel, pero no se trata de amenazas existenciales reales. Por otro lado, se escuchan también las claras voces de parte de Siria y de los palestinos acerca de la necesidad y la voluntad de impulsar procesos políticos.
Tercero, a pesar del apoyo abierto e insinuado de presidentes y jefes de gobierno en Occidente a las amenazas israelíes, es muy dudoso que, llegada la hora de la verdad, ayuden de hecho a Israel.
Cuarto, Estados Unidos se encuentra ante elecciones cuyos resultados no están claros, lo que pude impedir al gobierno de Bush intervenir a favor de Israel. El apoyo a un bombardeo semejante no está claro.
Por último, fuera de la utilización de armas atómicas durante la Segunda Guerra Mundial, ningún país con tales armas las ha utilizado. Muy probablemente, ésta será la situación también en el futuro, y será válida para Irán, en la medida que logre armas atómicas.
Gaby Scheffer es titular de cátedra en la carrera de Ciencia Política en la Universidad Hebrea de Jerusalem, e investigador adjunto en el Instituto Van Leer en Jerusalem.
Fuente: Yediot Ajaronot - Povesham - 8/7/2008.

