¿Negociaciones serias o confrontación ardiente con Irán?

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Escrito por JOSCHKA FISCHER

Berlín – Durante dos semanas, parecía que el régimen iraní finalmente había recibido el mensaje de que, si sigue adelante con su programa nuclear, el resultado probable es una confrontación militar grave. De hecho, hubo declaraciones y señales interesantes –y nunca oídas previamente- desde Teherán que sugerían una mayor voluntad de iniciar negociaciones sobre el programa nuclear de Irán y asuntos de seguridad regional. Y la decisión de Estados Unidos de enviar al subsecretario de Estado William Burns a una reunión con el principal negociador nuclear de Irán sugiere que esas señales están siendo tomadas en serio.

Pero en la reciente muestra de poderío militar con pruebas de cohetes y el rechazo de un acuerdo por parte del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, y su ministro de Relaciones Exteriores demuestran que el liderazgo del país está seriamente dividido respecto de la línea estratégica que debería perseguir Irán.

Los líderes de Irán todavía albergan el concepto equivocado de que las amenazas israelíes contra sus instalaciones nucleares son una expresión de las dificultades internas del gobierno del primer ministro Ehud Olmert. Esto es lisa y llanamente un error. El gobierno de Olmert tiene serios problemas, pero no son la causa de que la situación entre Israel e Irán esté llegando a un punto límite.

Por el contrario, existe en Israel un consenso interpartidario respecto de una posible potencia ofensiva nuclear y hegemonía regional de Irán. Todas las partes coinciden en que, a menos que haya una solución diplomática, la posesión de armas nucleares por parte de Irán debe impedirse a tiempo y por todos los medios necesarios. Es más, Arabia Saudita y algunos otros países árabes comparten esta opinión, aunque sea a puertas cerradas.

Si Irán adopta una actitud más realista, existe una esperanza real de que surja una solución diplomática. La oferta más reciente del grupo 5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Alemania) fue bien recibida en Teherán. Además de una cooperación política y económica de amplio alcance, la oferta promete una cooperación en cuestiones nucleares, incluyendo la construcción y suministro de los reactores de agua ligera más modernos en Irán, así como el acceso iraní a la investigación y desarrollo nuclear –siempre que exista un acuerdo negociado.

Sin embargo, lo que fue realmente novedoso es que Irán también respondiera positivamente al procedimiento propuesto por el grupo 5+1. En la etapa de prenegociación, esto implica que Irán aceptaría no instalar ninguna centrífuga nueva, necesaria para aumentar el volumen del uranio enriquecido, mientras que el grupo 5+1 se abstendría de pedir nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad.

Una vez iniciadas las negociaciones, Irán, bajo la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica, suspendería el enriquecimiento de uranio y todas las actividades relacionadas durante seis meses –algo que el gobierno iraní se negó incluso a discutir en los últimos cuatro años-. Por su parte, el Consejo de Seguridad suspendería todas sus deliberaciones relacionadas al programa nuclear iraní

El objetivo de estas negociaciones es un acuerdo integral entre Irán y el grupo 5+1 que no sólo resolvería el conflicto nuclear sino que abordaría cuestiones de seguridad regional (Irak, el conflicto palestino-israelí, el Líbano, el Golfo Pérsico, Afganistán), al mismo tiempo que abriría una amplia cooperación internacional y regional.

También hubo señales que emanaron de Irán de que, por su dominio de la tecnología de enriquecimiento de uranio, las autoridades podían pensar en continuar con el enriquecimiento en un tercer país en un consorcio conjunto con Occidente. No hace mucho, una propuesta similar formulada por Rusia fue descartada sin demasiada contemplación.

Es más, si bien no existe voluntad alguna de aceptar la hegemonía israelí, el tono frente a Israel está empezando a cambiar. El vil antisemitismo de Ahmadinejad últimamente ha sido criticado, indirecta pero bastante abiertamente, por uno de los confidentes más cercanos del supremo líder religioso de Irán, el ex ministro de Relaciones Exteriores Ali Akbar Velayati. Voceros iraníes también indican que existe una conciencia oficial de la importancia de Israel para alcanzar una solución regional abarcadora, y que hacer negocios con Israel ya no es inconcebible.

No se ha oído este tipo de lenguaje en todos los años que Ahmadinejad lleva en el poder. Ahora bien, ¿Irán habla realmente en serio? ¿O éstas son simplemente las viejas tácticas de cerrojo? ¿El gobierno quiere ganar tiempo una vez más, ahora hasta que pasen las elecciones presidenciales norteamericanas? Dadas las contradicciones públicas en el comportamiento del liderazgo iraní, ¿existe una posición iraní confiable y, de ser así, quién la representa? Estos interrogantes cruciales sólo se pueden responder mediante la prueba práctica de las negociaciones, esta vez con una participación directa de Estados Unidos.

Si Irán es serio en sus intenciones, el resultado no puede ser menos que la tan esperada “Gran Negociación” –una reconciliación regional de intereses entre Irán, por un lado, y Estados Unidos, Europa y los aliados norteamericanos en la región, por otro.

Pero si Irán está ganando tiempo, su comportamiento es miope e insensato. El conflicto, y por ende el peligro de una confrontación militar, no desaparecerá con una nueva administración norteamericana. Por el contrario, si las negociaciones llegaran a fallar, resurgirá la confrontación en el corto plazo, y será mucho más peligrosa.

Ni John McCain ni Barack Obama adoptarán una postura más blanda que la actual administración norteamericana sobre el tema de la hegemonía regional de Irán y su programa nuclear. De hecho, si fracasa una solución diplomática, es más probable que reaccionen más enérgicamente. Por lo tanto, es imperativo darle una oportunidad a la diplomacia, que parece posible en este momento.

Si los altos líderes en Teherán han tomado conciencia de que tiene mucho más sentido, y está más acorde con los intereses de Irán, consolidar los triunfos de su política exterior en los últimos años, y fortalecer el régimen, en lugar de arriesgarlo todo en una demostración militar con consecuencias imprevisibles, entonces existe una posibilidad real de una solución diplomática. De lo contrario, la región se hundirá en una confrontación ardiente.

Existe sabiduría, a la que los líderes de Irán deberían prestar atención, en el antiguo adagio de que mejor pájaro en mano que cien pájaros volando.

Joschka Fischer, ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller de Alemania entre 1998 y 2005, encabezó el Partido Verde de Alemania durante casi 20 años.

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