Cuidado, nueva realidad
Escrito por YOEL MARCUS
La semana pasada, Estados Unidos advirtió a Israel que no lo sorprenda atacando a Irán sin poner al tanto antes a la potencia del norte. La respuesta de Israel fue arrogante y desafiante. "Israel ha aclarado en respuesta... que se reserva la libertad de acción, si fracasan los esfuerzos de frenar el programa nuclear iraní por otras vías". Todavía no se había secado la tinta de esta declaración machista de Israel, y de repente, Rusia invade Georgia, con amenazas de atacar a Polonia también, si Estados Unidos cumple su programa de apostar misiles en los países del ex bloque soviético que se nieguen a aceptar la autoridad rusa.
La lección que Israel debe aprender del ataque ruso contra Georgia es que si se ve envuelto en una guerra impuesta, podría encontrarse de repente solo. No puede confiar en la intervención automática de Estados Unidos, que no movió un dedo para frenar el brutal ataque ruso. Bush no renunicó a sus vacaciones de verano, y se conformó con enviar a Condoleezza Rice a Georgia, para lo que pareció más, en los hechos, una visita de condolencias.
El verano de 2008 coloca a Israel ante una nueva realidad: el regreso de Rusia a los vicios de la Guerra Fría. No está claro cómo se desarrollará el actual enfrentamiento, pero aun si se hallan soluciones entre las potencias europeas y se firman acuerdos, Rusia ya ha puesto en claro que está nuevamente en el mapa. Ya sea en los puntos petroleros clave, o en otros focos estratégicos, también en nuestra región. No es seguro que Rusia se regodee con la nuclearización de Irán, el peligro número uno para Israel, pero no ha emitido una sola palabra de objeción hasta el momento.
En la nueva realidad, es importante que Israel ande, de aquí en más, en puntas de pie. Más cuando está conducido, en los hechos, por un gobierno de transición, que debe abstenerse de complicar al país en una acción que le haga caer el mundo encima. Y sobre todo, no debe sorprender y complicar a EE.UU., nuestro único aliado. Ponerlo en complicaciones se puede volver en nuestra contra de modo tremendo. Israel debe tomar en cuenta las limitaciones que también tiene la super potencia de emprender una acción militar contra un país soberano. Los pesimistas de entre nosotros temen que Estados Unidos vaya de regreso a la política de aislacionismo que la caracterizó cuando los nazis invadían Europa a principios de la Segunda Guerra Mundial. La preocupación en Israel por el aislacionismo es justa, pero es de suponer que EE.UU. no se desprenderá tan fácilmente de su relación especial con Israel. No obstante, se puede sentir el cansancio de la Administración Bush misma, empantanada en una especie de "Vietnam 2" en el Medio Oriente.
En la opinión pública norteamericana existe cansancio y también hartazgo de una administración tras otra que no logra resolver el conflicto en la zona. Bill Clinton invirtió nada poco en lograr un acuerdo con los palestinos y con Siria, pero su nombre se recordará más como el único que jugó con cigarros por debajo de la mesa de trabajo presidencial con Monica Lewinsky, que como un pacificador. Bush padre se complicó con Saddam Hussein, liberó a Kuwait, pero dejó a Saddam con vida, sembrando las semillas de la siguente y actual guerra en Irak, con sus miles de muertos y heridos.
A Bush hijo le cayeron las Torres Gemelas, el atentado terrorista más grande de la historia de los EE.UU. Le declaró la guerra al "Eje del mal" y, con todo su poder, con todas sus invasiones y con todos los miles de millones pagados como soborno, no ha logrado atrapar aún a Osama Bin Laden. Una sola persona, después de todo. Bush ha tocado el tema del acuerdo israelo-palestino con una jactancia enorme, pero con su exigencia de democratización y de elecciones, llevó al ascenso del Hamás al gobierno.
Ante el presidente que venga en lugar de Bush se perfilan dos posibilidades: continuar con la guerra contra el "Eje del mal", o enfocarse en los graves problemas internos que enfrenta su país: la colosal crisis del crédito, la crisis hipotecaria, la falta de confianza pública en la economía, la suba del precio de los combustibles. Y ahora: el peligro de reanudación de la Guerra Fría.
Barack Obama, cuyo lema es "Sí al cambio", podría ser menos amistoso para con Israel, aunque nadie puede jurar que John McCain tendrá en cuenta los intereses de Israel tal como promete. Ambos candidatos podrían contemplar el destino corrido por sus antecesores y llegar a la conclusión de que el trato para con Israel debe ser más duro y menos condescendiente, teniendo en cuenta lo que ocurre en el mundo. La nueva realidad también obliga a Israel a una mayor prudencia y, sobre todo, a bajar los decibeles de la arrogancia, dejando de lado la suposición de que EE.UU. nos apoyará en cualquier situación.
Fuente: Haaretz - Povesham - 19/8/2008.

