¿Una Unión del Medio Oriente?
Escrito por SHLOMO BEN-AMI y JOHN BELL
TOLEDO, ESPAÑA – Este otoño, el Centro Internacional de Toledo para la Paz convocó a una reunión dedicada a la cooperación en materia de agua en el Medio Oriente. Una de las conclusiones que se alcanzaron fue que cualquier respuesta efectiva a la distribución desigual de recursos naturales en la zona debe ser regional. Con esta idea en mente, Munther Haddadin, ex ministro de recursos hidráulicos de Jordania, propuso una "Unión del agua y la energía" para el Medio oriente, un mecanismo de largo plazo que integre a la fragmentada región.
La idea es atractiva. Suena muy lógico responder a esas necesidades básicas de tal forma que se administren las carencias y los excedentes a nivel regional.
En efecto, el paralelismo con el papel que desempeñaron el carbón y el acero en la fundación de la Unión Europea es tan claro que el mes pasado Joschka Fischer, ex ministro de relaciones exteriores de Alemania, hizo un llamado para crear una unión de ese tipo. También lo hicieron el ex presidente checo, Vaclav Havel, y un grupo de destacadas personalidades internacionales que apoyan la idea de la integración regional mediante el agua. Al haber convocado la reunión en España, estamos totalmente a favor de tratar de alcanzar una meta tan encomiable.
Pero la “unión del carbón y del acero” europea sólo fue posible una vez que se resolvieron los principales conflictos políticos del continente. Para que pueda haber un proceso de integración regional exitoso en el Medio Oriente también se requerirá un marco político que asegure la estabilidad necesaria para que la cooperación regional funcione. Todas las partes deben saber dónde empiezan y terminan sus fronteras, y se deben hacer a un lado las injusticias pasadas, de manera que el ciclo de la venganza y el reflejo automático de buscar ventajas inmediatas no echen por tierra las soluciones regionales a los problemas.
En este punto vale la pena reconocer las experiencias de un ejercicio regional previo. Durante los años noventa, la vía multilateral del proceso de paz de Medio Oriente buscó la coordinación regional en las áreas del desarrollo económico, el medio ambiente, los refugiados, el control de las armas y el agua. Fracasó porque cuando las pláticas bilaterales se interrumpieron, la disposición a entablar una cooperación regional se desvaneció por la desesperación con las políticas fallidas y la sangrienta realidad de la segunda Intifada.
El marco política necesario también debe ser regional y, afortunadamente, ya existe. La Iniciativa de Paz Árabe, presentada por primera vez en una cumbre de la Liga Árabe celebrada en Beirut en 2002 y confirmada en Riad en 2007, proporciona a las partes un marco para solucionar sus diferencias, así como una base política para avanzar. Es esencial adoptarla a fin de progresar, sobre todo si se incluyen capítulos adicionales para abordar la seguridad regional y las relaciones económicas.
A pesar del pesimismo crónico actual, la búsqueda de una Unión para el Agua y la Energía del Medio Oriente, junto con la adopción de la Iniciativa de Paz Árabe, podría cambiar las actitudes. En conjunto formarían un proceso mutuamente fortalecedor: un acuerdo político proporcionaría el marco en el que se pueden satisfacer las necesidades de agua y energía de la región; y satisfacer esas necesidades de forma efectiva e innovadora haría que la Iniciativa de Paz Árabe fuera más que un acuerdo de papel.
Además, el árido triángulo que forman Israel, Palestina y Jordania no puede satisfacer sus necesidades de agua a menos que se incorpore otra dimensión a la solución. Un informe del Banco Mundial ya ha establecido que con los 19 millones de personas que vivirán entre el Río Jordán y el Mediterráneo hacia 2020, las necesidades de agua no se podrían atender sin hacer que las tecnologías actuales de desalinización sean más viables económicamente.
Casualmente, a lo largo del mes pasado se han dado las primeras señales de que hay un mayor interés en un enfoque político regional. Recientemente, el ministro de relaciones exteriores de Bahrein convocó a un foro regional que incluye a Israel para resolver los problemas futuros; un ex alto funcionario saudita se reunió con los israelíes en el Reino Unidos para reiterar la necesidad de un acuerdo de paz integral; y el líder del Partido Laborista de Israel, Ehud Barak, ha declarado que tal vez ya sea tiempo de buscar un acuerdo de paz global para la región que vaya acompañado de un paquete económico, puesto que las negociaciones por separado con Siria y los palestinos podrían no fructificar.
A pesar de las décadas de esfuerzos, el proceso de ensayo y error mediante enfoques bilaterales y de gestión de conflictos siempre ha acabado por frustrarse. Los proyectos económicos que se han iniciado se han desmoronado ante la persistencia de la ocupación. Los problemas son demasiado complejos y los peligros del radicalismo demasiado graves para que pueda haber un éxito con métodos poco sistemáticos.
El Medio Oriente sólo podrá poner fin a su estado permanente de crisis si construye fundamentos integrales para la paz. La Iniciativa de Paz Árabe, combinada con el desarrollo a largo plazo de una Unión para el Agua y la Energía, ofrece las bases necesarias para satisfacer las necesidades de los pueblos de la región y mitigar los conflictos futuros.
El Medio Oriente ya no debe ser el arquetipo de la violencia irresoluble. Puede ser el heraldo de la innovación en cuestiones de interés común para la humanidad –el agua, la energía y la política.
Shlomo Ben-Ami, ex ministro de relaciones exteriores de Israel, es actualmente vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz. y autor de Cicatrices de guerra, heridas de paz: La tragedia árabe-israelí. John Bell es Director del Programa para Medio Oriente y el Mediterráneo del Centro Internacional de Toledo.
Fuente: Project Syndicate, 2008. Traducción de Kena Nequiz .

