Conferencia de la ONU: un aliento de esperanza en un escenario grotesco

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Escrito por ELI COHEN

MADRID - Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las acciones internacionales capitaneadas por las grandes naciones democráticas han estado destinadas, de una u otra forma, a evitar genocidios y hecatombes como el ocurrido durante el conflicto mundial mencionado. La ONU, era el estandarte, la punta de lanza, de estos propósitos. Lamentablemente, durante las últimas décadas, países tales como Camboya, Rumania, Kosovo, Sudán, Congo, Uganda -entre otros- han llevado a cabo diversos  intentos por borrar del mapa a variados grupos sociales, por el simple hecho de ser diferentes, o de existir...y la ONU o no ha podido hacer nada, o ha llegado con demasiado retraso.

Así, y teniendo en cuenta que dicha organización internacional alberga en su seno a todas las dictaduras del planeta, la ONU ha continuado con su ineficacia derrochadora llevando a cabo Encuentros y Conferencias con muy pocos resultados factibles: Cambio Climático, Seguridad Alimenticia, Refugiados, Pobreza...y Racismo.

Fue allá por los albores del año 2002 cuando EE UU e Israel le dieron portazo a la Conferencia contra el Racismo organizada en Durban (Sudáfrica) Se tuvo la osadía, entonces, de tildar a Israel de racista - teniendo Israel tres partidos  árabes con representación parlamentaria, siendo el Estado judío el único de Oriente Medio en donde un árabe puede ser homosexual o comunista sin que lo persigan por ello, y puede ejercer la libertad de expresión, de reunión, de cáteda; cuando la mayoría de las naciones asistentes albergaban legislaciones discriminatorias y represoras contra minorías y colectivos. Durante estos días, ha acaecido la segunda parte de este esperpento. Pero con algunas diferencias.

Maticemos, pues.

Holocausto

Uno de los temas más espeluznantemente interesantes del Holocausto es la indiferencia que tuvo el viejo continente -en realidad, todos los continentes- ante la aniquilación orquestada y perfectamente materializada por el régimen nazi y sus acólitos. Herman Bloch, en su día, nos regaló una cita muy certera: "El crimen de Europa es la indiferencia". Puede que con esta Conferencia dicha cita haya quedado obsoleta.

Hoy, casi 70 años después; un tirano, desde que subió al poder, no ha parado de amenazar con borrar a Israel del mapa, de denunciar una conspiración sionista mundial para dominar el mundo, de negar el genocidio de seis millones de judíos, y de acusar falsamente a Israel de toda clase de crímenes. Si, es el tristemente conocido Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, antiguo alcalde de Teherán,  en su juventud instructor de los Basiji Mostazafan, una organización fundamentalista formada por niños con el cerebro lavado para limpiar los campos de minas y hasta se especula con que fue uno de los secuestradores de la Embajada estadounidense en Teherán en 1979.

Ahmadineyad, ha usado el púlpito de la Conferencia mundial sobre racismo, para soltar su clásica verborrea -con el beneplácito de todos sus aliados- con una diferencia esta vez: la espantada de la mayoría de los delegados de la Unión Europea.

El líder persa quiere repetir la tarea que Hitler no acabó. Ante eso, al igual que el líder nazi, no ha dejado resquicio de dudas.

¿Un cambio en el entendimiento europeo?

Hoy, parece que Europa después de mucha sangre y lágrimas, está empezando a comprender que cuando hay amenaza de tormenta, hay que prepararse. Aunque en la Unión Europea (UE) nadie quiera ni oír hablar de ataque preventivo a Irán, saben de sobra que si está a tiro Tel Aviv, lo estarán también Praga, Berlín o París. Aunque han sido reticentes en establecer sanciones al régimen de los ayatolás, no pueden consentir que una Conferencia contra el Racismo le dé voz al líder de un régimen que masacra opositores y encarcela a mujeres por llevar minifalda. Aunque Europa se ha definido siempre por su debilidad -recordemos como tuvieron que venir los EEUU en dos ocasiones a salvarla de la extinción: Primera y Segunda Guerra Mundial- su vocación suicida tiene límites.

En palabras del embajador de República Checa -que al igual que Holanda, Italia y Alemania, entre otros- abandonó la Conferencia: "las palabras de Ahmadineyad fueron la gota que colmó el vaso".

Conclusión

La Conferencia no se quedó en este necesario desplante de los países democráticos europeos ante el discurso incendiario y provocador del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad. En la última jornada de esta triste Conferencia, Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz y superviviente de Auschwitz, tuvo que soportar como un miembro del séquito del presidente iraní le gritaba con ahínco -como gritaban los nazis a los judíos Juden o Kike- ¡Sionazi! ¡Sionazi! ¡Sionazi! ...

Como culmen del fracaso de la Cumbre, que sólo ha servido para polémicas, griterio, desplantes y ataques de las dictaduras racistas hacia los países democráticos, el acuerdo de mínimos para una declaración conjunta apenas tiene consenso. Otro fracaso de la ONU, patrocinado -y costeado- por los países democráticos.

Pese a todo este grotesco espectáculo, el desplante europeo ante el tirano persa,  otorga cierto aliento de esperanza y muestra que Europa está reaccionando y que no está dispuesta, esperemos, a volver a sentarse a ver lo que pasa.

Fuente: Revista Horizonte - 23/4/2009. 

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