¿Son realmente antisemitas?
Escrito por GABRIEL SCHAEFFER
La mayoría de los israelíes no le tienen aprecio al primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan y otros personajes del exterior que critican a Israel. Sin embargo, vale la pena escuchar cuidadosamente algunas de las cosas que ellos están diciendo. Una de las críticas de Erdogan, por ejemplo, es que Israel no puede sacarse de encima la responsabilidad por la continuidad del conflicto y los planes de Irán en desarrollar armamento nuclear.
Hay verdad en esta crítica, en la medida de lo que incumbe a las posturas del gobierno de Israel y la mayoría de su pueblo. Israel se mira a sí misma como a través de un vidrio polarizado. Tiende a atribuir todos sus problemas al otro lado y afirma enfáticamente que sus manos están limpias. Esta tendencia se volvió mucho más evidente después del Holocausto, declinó un tanto después del establecimiento del estado y aceleró su paso desde los años 70. Esto ha aumentado considerablemente en los años recientes, especialmente bajo gobiernos derechistas.
En el plano internacional, este enfoque parcial resulta evidente en la actitud hacia las Naciones Unidas y organizaciones internacionales en general. El origen de este enfoque se retrotrae a los tiempos de David Ben Gurion. De hecho, la tendencia de acusar a las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales de posturas anti-israelíes, no ha cambiado para nada desde entonces -como lo estamos viendo por la reacción al informe Goldstone, que ha sido descripto como un claro documento antisemita. El enfoque parcial que acusa a personajes, partidos políticos y organizaciones no judías de antisemitismo cuando critican a Israel, ignora el aporte de Israel a estas manifestaciones críticas.
El comportamiento inmoral de Israel e israelíes, por ejemplo, manteniendo relaciones y vendiendo armas a “estados leprosos” en Sudamérica, África y Asia del Sur -está directamente relacionado con la crítica.
Esta parcialidad israelí también es vista en las burdas acusaciones de israelíes y judíos de la Diáspora acerca del presidente de los EE.UU., Barack Obama, y su administración. Ellos son acusados de ser antisemitas, antiisraelíes, favoreciendo a musulmanes y árabes. Pero Obama y su administración, en la cual hay designados muchos judíos, están muy lejos de estas posturas. Y si la crítica a Israel es así expresada, ésta resulta como consecuencia de maniobras e incumplimientos israelíes.
Con respecto al conflicto israelí-árabe-palestino, Israel ha contribuido y está contribuyendo a la imposibilidad de llegar a manejar el conflicto razonablemente y con justicia. La brecha entre las declaraciones políticas y los hechos es grande y contribuye muchísimo a la continuidad y exacerbación del conflicto, análoga a la que contribuyen las otras partes. Advirtamos, por ejemplo, la decisión militar de permitir las deportaciones de miles de palestinos de la Margen Occidental.
Estas cosas también se aplican a la postura de Israel respecto a la aspiración de Irán -y quizás también de Siria- de conseguir armamento nuclear. El desarrollo de armamento nuclear de Irán es en parte una respuesta a las noticias sobre la capacidad nuclear que los medios de comunicación del exterior atribuyen a Israel. Es claro que el primer ministro Benjamin Netanyahu entiende todo esto, así que no concurrió a la conferencia nuclear que Obama convocó.
Estos son algunos de los mayores aportes de Israel a las críticas hacia él. Si el gobierno intentara realmente cambiar la actitud de un modo fundamenta l-y esto es muy dubitativo- debería deshacerse de sus anteojeras. Esto es debido a que todo conflicto y enfrentamiento es entre dos partes, y porque Israel -así como la otra parte- ha contribuido significativamente a los procesos que van teniendo lugar en su derredor.
El autor es profesor de ciencias políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén
Fuente: Haaretz - 29/4/2010 - Traducción: Israel Laubstein.

