La falsedad sirio-palestina
Escrito por AKIVA ELDAR
El viernes último -en Aqaba, Jordania, pocas horas después que un terrorista matara a dos guardias de seguridad en la Margen Occidental y los helicópteros cazaran a los lanzadores de misiles Qassam en la Franja de Gaza, un pequeño grupo de jóvenes israelíes y palestinos se reunieron en un hotel en Aqaba. Un alto funcionario jordano les habló ufanamente a los visitantes, activistas de la organización Semillas de Paz, acerca de proyectos económicos conjuntos que beneficien a los tres pueblos.
Durante la pausa, el disertante me condujo a un rincón y me preguntó: “¿Puede usted explicarme porqué vuestro gobierno está ignorando a Jordania y a la Iniciativa de Paz Árabe?”. Además preguntó, “¿No comprenden ustedes qué catástrofe nos puede ocurrir, tanto a jordanos e israelíes, si ustedes no llegan a un arreglo este año con los palestinos?”
El miércoles, el primer ministro Ehud Olmert tuvo oportunidad de escuchar el mismo tema de alguien de mayor jerarquía. El rey Abdullah invitó a Olmert a Amman, para repetirle el mensaje de angustia que pocos días antes le había hecho conocer al presidente George W. Bush. No se necesitaba ser una mosca en la pared para saber lo que fue dicho en el palacio real. El ministro de asuntos exteriores jordano, Salah Bashir, que acompañó al rey en su visita a los EE.UU., advirtió a los activistas judíos en Nueva York que perder la oportunidad de cerrar un tratado de paz este año “nos afectará a todos”. Los funcionarios no se referían a una paz entre Israel y Siria.
En su libro “La Tierra Demasiado Prometida,” Aarón David Miller, que fue subdirector del equipo estadounidense de paz israelí-palestino, escribe que en los días del gobierno de Yitzhak Rabín, la propuesta “Siria primero” culminó en una profunda decepción. Bajo Ehud Barak, asevera Miller, el mismo enfoque condujo tanto al bloqueo del canal Israel-Siria como a una crisis entre Israel y los palestinos.
El intento de Olmert de reabrir el canal sirio a expensas de las conversaciones con los palestinos, no solamente nada logrará en cualquiera de los dos frentes con los largos brazos de Irán y al-Qaeda que llegan a cualquier rincón de la región (un nuevo periódico publicado por la organización en Gaza recibió la bendición de Ayman al-Zawahiri, principal colaborador de Osama bin Laden); tal paso puede incluso alterar la frágil paz con Jordania y Egipto y sepultar la Iniciativa de Paz Árabe.
Según reuniones informativas llevadas a cabo por estrechos aliados de Olmert, hay una competencia entre los emisarios de Olmert al presidente sirio Bashar Assad y las discretas conversaciones que la ministra de Asuntos Exteriores Tzipi Livni está sosteniendo con el principal negociador palestino, Ahmed Qureia. Reportajes recientes han descrito al primer ministro como un vigoroso estadista sin exigirle pagar precio político alguno por ello. Después que Washington expusiera públicamente los inicuos vínculos entre Siria y Corea del Norte ¿qué importancia tiene que el presidente Bush quite a Damasco del “eje del mal”? Es difícil imaginar que Olmert crea que Assad cortará sus vínculos con Irán y Hezbollah, mientras EE.UU. lo mantenga en el lado exterior de una puerta cerrada.
De hecho, Olmert es parte de una gran farsa que está siendo sostenida por la próxima llegada del presidente Bush, patrocinador de la declaración de Annápolis: “un esfuerzo para alcanzar un acuerdo al final de 2008.” El parloteo de un presunto avance en los intentos de renovar las negociaciones entre Jerusalén y Damasco no son más que un camuflaje para ocasionar un mayor escollo en las conversaciones de Israel con los palestinos. Una fuente seria en las negociaciones reveló esta semana que los desacuerdos de las dos partes exceden lejos a los asuntos acordados.
Es difícil imaginar que el presidente palestino, Mahmoud Abbas, esté dispuesto a aceptar la propuesta israelí que requiere de los palestinos ceder un 8 por ciento de la Margen Occidental (con una compensación de no más del 2 por ciento) y aceptar la soberanía israelí sobre el Valle Sagrado (Holy Basin) en Jerusalén, incluyendo la Ciudad Vieja, así como meras migajas sobre el tema de los refugiados (unificación de familias para 10.000 personas). Todo mientras Israel continúa con el agrandamiento de puestos de avanzada y agregando controles camineros.
Cuando las negociaciones con los palestinos arriben a un ruidoso final, y Hamas, habiendo logrado la calma en Gaza, haga salir de la Muqata en Ramallah a los restantes del “sector de los dos estados”, el balón de la romántica mediación turca con Siria también estallará ruidosamente. Las supuestas negociaciones en dos canales simultáneos se volverán un caso de doble terquedad israelí.
Assad agitará por todas partes su infructuoso cortejo de Olmert y la violación de la declaración de Annápolis. Convocará a la implementación de la declaración de Damasco de la Liga Árabe de marzo último, reclamará que Egipto y Jordania se adhieran al criterio condicional de llegar a la normalización con el estado judío con su retiro a las fronteras del 4 de junio de 1967. Ése es el peligro del que habló el rey Abdullah a Bush. Eso es el motivo por el cual invitó a Olmert a Amman.
Fuente: Haaretz - 2/05/2008 - Traducción: Israel Laubstein.
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