Israel, vanguardia de Occidente
Escrito por MARIO WAINSTEIN
No es ni errado ni exagerado definir a Israel como un país que limita al este con Jordania, al oeste con el Mediterráneo, al norte con Irán y al sur con Irán y Egipto.
Los dramáticos sucesos que tienen lugar en el Líbano no son más que una reedición de los que vimos en Gaza cuando Hamás dio el golpe de Estado y asumió de hecho el poder omnímodo de toda la Franja. En caso de consumarse la cruenta revolución, los Gobiernos en Gaza y el Líbano serán diferentes, pero el poder en ambos casos será de Irán.
Las fronteras de Israel han sido durante mucho tiempo mucho más que lo que aparentan. Por supuesto que son una línea divisoria entre dos países, como en todo el mundo, pero son además fronteras de otras cosas.
Durante décadas fueron las fronteras sur y norte de Israel los límites casi exactos de las zonas de influencia de las dos superpotencias durante la Guerra Fría. Después de la era de Sadat, ello fue así sólo en la frontera con Siria. Era una frontera política, de estrategia global. Ahora esa frontera, y mucho más la de Israel y el Líbano, es una frontera que separa civilizaciones, formas de vida, escalas de valores. Es una frontera metafísica.
En la parte norte hay una frontera hostil, entre una civilización que desprecia todos los valores caros a Occidente y una cultura occidental democrática, cuya principal debilidad consiste precisamente en admitir como válidas a todas las expresiones culturales, incluidas las diferentes, y entre ellas las que promueve quien está del otro lado de la frontera, pese a la violencia y al desprecio que manifiesta hacia esa misma cultura permisiva, considerada decadente y satánica.
No me estoy refiriendo a las religiones en cuanto tales, sino a los Estados y a sus culturas. Los judíos y los cristianos fundamentalistas -sí, eso también existe- no son mucho mejores que los islámicos otros en cuanto a tolerancia. Pero Israel no es un país fundamentalista judío aunque haya fundamentalistas judíos que viven en él, así como ni Jordania ni Egipto son fundamentalistas islámicos pese a los ciudadanos que sí lo son.
Eso no es así con Irán, ni con Hamás en Gaza, ni con Hezbollah en el Líbano. Es por eso que la frontera con los dos últimos, y especialmente con el Líbano, que es un Estado constituido, a diferencia de Gaza, no es la mera frontera entre dos países.
Siendo esto así, Israel se encuentra en el frente, en la primera línea de fuego, ante quien sin duda es el enemigo número uno de Occidente, pese a que muchos pretendan que no es así, como si negando la existencia de la guerra ésta desapareciera.
En el pasado Israel ha sabido sacar provecho de esa situación por cierto angustiante, de estar ahí, en la boca del lobo. Se trata de una suma de factores, que llevan a que Israel pueda y deba utilizar la coyuntura en su favor.
Israel es una democracia y quiere seguir siéndolo por convicción y decisión propia, pese a estar rodeado de países no democráticos, en su mayoría hostiles. De allí que su identificación con los valores occidentales no obedezca a una conveniencia estratégica sino a una realidad que hace a la esencia misma de la existencia.
Israel también quiere y debe defender su frontera frente a quienes amenazan abiertamente con hacer
todo lo posible para atacarlo e incluso "borrarlo del mapa''. De allí que todo lo que Israel hace para evitar el fortalecimiento militar del otro lado de la frontera obedezca a su necesidad auténtica de seguridad, desde repeler ataques hasta atacar lugares estratégicos, como por ejemplo presuntos reactores nucleares.
Pero Israel, nunca debemos olvidarlo, es un país pequeño en medio de un mar hostil y necesita tener aliados. Para obtenerlos, en un mundo guiado por intereses, debe ser capaz de dar beneficios a cambio del apoyo. Ese beneficio existe: es la capacidad de enfrentar a un enemigo común que Occidente, por diferentes motivos, prefiere no enfrentar en forma directa.
Está claro: Israel no actúa para defender intereses de terceros, sino intereses propios. Pero, como ya he dicho en alguna oportunidad, la habilidad política consiste en hacer coincidir los intereses propios con los de otros, que brindan así su apoyo. Es como el navegante a vela que sabe hacer coincidir los vientos para que lo lleven a donde él quiere y necesita, no a donde quieren los vientos.
Israel no puede aceptar en su frontera norte a un país dominado por Irán. No lo puede aceptar tampoco Occidente. El golpe de Estado de Hezbollah no es una cuestión libanesa interna. No lo es para Arabia Saudita, según las declaraciones de su ministro de Relaciones Exteriores ante la Liga Arabe, que exige intervenir, y debe serlo mucho menos para Israel y para los países occidentales que están en plena guerra aunque prefieran negarlo.
Fuente: Aurora - 17/5/2008.
| < Prev | Siguiente > |
|---|



