Que se queden en Palestina

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Escrito por AKIVA ELDAR

A pesar de sus promesas electorales, este gobierno no ha movido un solo dedo contra los abusos de los colonos judíos en los territorios. No por nada, sus ataques no incluyen a Olmert. La pregunta que se tendrán que hacer los afiliados a Kadima en su camino a las urnas, no es qué candidato o candidata está capacitado para ordenarle al comandante en jefe del ejército, a las tres de la madrugada, atacar a Irán; esa decisión, de todos modos, será tomada en la Casa Blanca. La pregunta con la que se enfrentan es mil veces más difícil y decisiva: qué candidato será capaz de ordenarle al jefe militar, a las tres de la tarde, evacuar 110 colonias judías de la Margen Occidental.

Pues ésa ha sido la gran promesa de Kadima a sus votantes. "Ningún asentamiento permanecerá más allá de la Cerca Separadora", prometió Ehud Olmert a fines de marzo de 2006, al día siguiente de su victoria en las elecciones. En una entrevista que concediera al semanario norteamericano "Newsweek", explicó que "la única amenaza que realmente no sabemos enfrentar es la de la pérdida del estado judío-democrático".

En el papel, ése que representa su postura respecto de las fronteras permanentes de Israel, Olmert ha recorrido un respetable camino, aun si está lejos de ser suficiente, hacia la meta central que fijara para su gobierno. La realidad en el terreno ha cambiado para bien. Para bien de los colonos judíos. No es casual que las filtraciones a la prensa sobre concesiones extremas que Olmert propone a los palestinos les entren a los colonos por un oído y les salgan por el otro. Tampoco lo es que la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, que vino a "impulsar el proceso político", fuera recibida por ellos con tanta tranquilidad.

Cuando Israel Harel, habitante de la colonia judía en los territorios Ofrá, y hombre del Consejo de Judea, Samaria y Gaza, fuera interrogado en una entrevista radial por el traslado de una colina a la otra del asentamiento provisorio ilegal Migrón, él se limitó a nombrar los lados del "triángulo del mal": Paz Ahora, la Unión Europea, que financia a esa organización, y la Corte Suprema, que falla siempre contra los colonos. Ninguna palabra sobre el primer ministro, que prometió evacuar todas esas colonias. No mencionó tampoco al ministro de Defensa, responsable de la ley y el orden en los territorios, ni protestó contra la ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, que cumple apenas con palabras de crítica sobre el continuado incumplimiento del compromiso internacional asumido.

Benny Kasríel, intendente de Maalé Adumim, justamente sí protesta contra el gobierno. No se conforma con su área metropolitana (49 km2 para 32 mil habitantes), casi el mismo que Tel Aviv (51 km2 para 390 habitantes). No le alcanza que el gobierno haya aprobado la introducción de Maalé Adumim "dentro de la Cerca" (a un costo de unos 800 millones de shekels). Kasríel se queja de que Olmert y Barak han decidido anexar a su asentamiento sólo otros 4 km2 (que son como un cuarto del territorio de Ramallah: 16 km2 para 125 mil habitantes); exige agregar a la colonia otros 4 km2, una aventura que pondrá en peligro a soldados de Tzahal debido a la inferioridad topográfica del trazado, e inflará el gasto de ese tramo de la Cerca Separadora en otros 100 millones de shekels.

Ha llegado el momento de que Olmert y los candidatos a su sillón les avisen a Harel y a Kasríel que las reglas de juego han cambiado. Los terrenos fiscales en los territorios jamás estuvieron, de jure, bajo soberanía israelí. Desde ahora son tierras del Estado de Palestina, y por toda hectárea de tierras de la Margen Occidental que anexemos, pagaremos con otra del territorio soberano del Estado de Israel. Hoy todavía es posible, quizás, persuadir a los palestinos de que intercambien los terrenos de Maalé Adumim por terrenos alternativos en el Néguev Occidental, o entre Kiriat Gat y Hebrón. En cambio, la solución de dos estados no se condice con la anexión de Ariel (14 km2 para 16.600 habitantes), alejada 21 km de la Línea Verde.

El examen decisivo de los candidatos a la corona del liderazgo es su disposición a enfrentar a una pequeña minoría -menos del 1% de la población del país- para la que las colonias son la medida de toda su existencia. En una jornada realizada en diciembre último en Tel Aviv, el intendente del asentamiento Alfei Menashé, Jasdai Eliazar, estimó que más del 70% de los colonos que viven fuera de los "bloques de asentamientos" aceptarán gustosos la indemnización (¿por qué no una canasta de absorción para inmigrantes?) y harán aliá (inmigrarán) a Israel. De entre aquellos 115 mil que viven fuera de dichos bloques (según el "Acuerdo de Ginebra"), que se niegen a volver al hogar, podrán quedarse en Palestina. Si quieren, que vuelvan; si no quieren, que se queden. El gobierno no "expulsará" a ningún judío, y Tzahal no "arrancará" a nadie de donde se ha enraizado.

Yasser Arafat aceptó en su momento otorgar a los colonos judios ciudadanía palestina, además de su ciudadanía israelí, y otorgarles plena igualdad de derechos, incluida la distribución igualitaria de los recursos de la tierra y el agua. Habrá que asegurarse, nada más, de que la minoría judía en Palestina reciba el mismo trato del que goza la minoría árabe en Israel. Ni más, ni menos. ¿O será demasiado cruel?.

Fuente: Haaretz - Povesham - 25/8/2008. 


 

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