Zeev Sternhell: "En Israel, crece un racismo cercano al nazismo en sus inicios"

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Escrito por ZEEV STERNHELL

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En un artículo publicado en Le Monde, el historiador, especialista en fascismo, compara la situación de los judíos antes de la guerra a la de los palestinos hoy.

Para el historiador Zeev Sternhell, las decisiones parlamentarias pretenden forzar a los palestinos a aceptar sin resistencia la hegemonía judía en el territorio, condenándolos para siempre a la condición de población ocupada.

[El anuncio fue tan simbólico como controvertido: el 6 de diciembre de 2017, el presidente de EEUU, Donald Trump, decidió reconocer a Jerusalén como capital de Israel. La embajada de EEUU, hoy en Tel Aviv, será transferida hacia fines de 2019. La iniciativa fue saludada por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Desde entonces, en el Knesset, el Parlamento israelí, la derecha viene conduciendo una ofensiva en varios frentes. El 2 de enero, los diputados votaron una enmienda constitucional haciendo imposible la cesión de parte de Jerusalén sin el voto de una mayoría calificada de dos tercios. Varios diputados también presentaron proyectos para redefinir el perímetro de la ciudad, para excluir todos los barrios árabes más allá del muro de separación o integrar grandes colonias. Para el historiador Zeev Sternhell, esas decisiones pretenden forzar a los palestinos a aceptar sin resistencia la hegemonía judía en el territorio, condenándolos para siempre a la condición de población ocupada.]

Intento a veces imaginar cómo el historiador de aquí a cincuenta o cien años intentará explicar nuestro tiempo. ¿En qué momento empezamos, se preguntará sin duda, a entender, en Israel, que el país, que se convirtió en un Estado constituido con la Guerra de Independencia de 1948, fundado en las ruinas del judaísmo europeo y al precio de la sangre del 1% de su población, incluyendo miles de combatientes sobrevivientes del Holocausto, se había convertido en un monstruo para los no judíos bajo su yugo? Cuando, exactamente, los israelíes, al menos en parte, percibieron que su crueldad con los no judíos bajo su control en los territorios ocupados, su determinación de destruir la esperanza de la libertad e independencia de los palestinos o su negativa a conceder asilo a los refugiados africanos comenzaron a minar la legitimidad moral de su existencia nacional?

La respuesta, dirá quizás el historiador, se encuentra en el microcosmos de las ideas y actividades de dos importantes miembros de la mayoría, Miki Zohar (del partido Likud) y Bezalel Smotrich (del partido El Hogar Judío), representantes fieles de la política gubernamental, que pasaron a ocupar recientemente el foco de atención . Más importante aún es que esta misma ideología esté en la raíz de los llamados proyectos de ley "fundamentales" -es decir, constitucionales- que la Ministra de Justicia, Ayelet Shaked, con el consentimiento inmediato del primer ministro Benjamín Netanyahu, propone llevar rápidamente a la votación en el Knesset.

Shaked, número dos del partido de la derecha religiosa nacionalistas, El Hogar Judío, además de su nacionalismo extremo, representa perfectamente una ideología política según la cual una victoria electoral justifica el control de todos los órganos del Estado y de la vida social, desde la administración a la  justicia, pasando por la cultura. En el espíritu de esta derecha, la democracia liberal no pasa de ser infantil. El significado de tal movimiento es fácil de entender para un país de tradición británica que no posee una Constitución escrita, sólo reglas de comportamiento y un marco legislativo que puede ser cambiado por mayoría simple.

El elemento más importante de esta nueva jurisprudencia es una legislación llamada "ley del Estado-nación": se trata de un duro acto constitucional nacionalista, que no sería renegado por el nacionalismo integral de Charles Maurras, y que ni la Sra. Le Pen, hoy, se atrevería a proponer, pero que podría ser acogido con satisfacción por los movimientos nacionalistas autoritarios y xenófobos polaco y húngaro. Nos encontramos ante judíos que olvidaron que su destino, desde la Revolución Francesa, está ligado al liberalismo ya los derechos humanos y hoy producen un nacionalismo alineado con el más empedernido chauvinismo europeo.

La impotencia de la izquierda

Esta ley tiene el objetivo declarado de someter los valores universales de la Ilustración, del liberalismo y de los derechos humanos a los valores particulares del nacionalismo judío. Ella forzará a la Corte Suprema - cuyas prerrogativas Shaked, en todo caso, se empeña en reducir, además de minar su carácter liberal tradicional, sustituyendo, siempre que sea posible, a los jueces que se jubilan por abogados cercanos - a dar veredictos siempre en consonancia con la  letra y el espíritu de la nueva legislación.

La ministra va aún más lejos: ella acaba de declarar que los derechos humanos tendrán que inclinarse a la necesidad de garantizar una mayoría judía. Pero como ninguna amenaza pesa sobre esta mayoría en Israel, donde el 80% de la población es judía, se trata de preparar a la opinión pública para la nueva situación: en el caso de la anexión de los territorios palestinos ocupados, deseada por el partido de la ministra, la población no-judía será privada del derecho a voto.

Gracias a la impotencia de la izquierda, esta legislación será el primer clavo en el ataúd de la antigua Israel, de la cual quedará sólo la declaración de independencia como pieza de museo para recordar a las generaciones futuras lo que nuestro país podría haber sido si nuestra sociedad no se hubiera degenerado moralmente en medio siglo de ocupación, colonización y apartheid en los territorios conquistados en 1967, hoy ocupados por cerca de 300 mil colonos.

Hoy, la izquierda ya no es capaz de hacer frente a un nacionalismo que, en su versión europea, mucho más extrema que la nuestra, había casi conseguido aniquilar a los judíos de Europa. Por eso es aconsejable que sean leídas en Israel y en el mundo judío las dos entrevistas hechas por Ravit Hecht para el diario Haaretz (del 3 de diciembre de 2016 y 28 de octubre de 2017) con Smotrich y Zohar. Es claro cómo crece, bajo nuestros ojos, no un mero fascismo local, sino un racismo cercano al nazismo en sus inicios.

Como toda ideología, el racismo alemán también evolucionó y, originalmente, atacaba sólo los derechos humanos y ciudadanos de los judíos. Es posible que, sin la Segunda Guerra, el "problema judío" se resolviera por una emigración "voluntaria" de los judíos de los territorios controlados por Alemania. Después de todo, casi todos los judíos de Alemania y Austria consiguieron salir a tiempo. No se debe excluir la hipótesis de que, para algunos sectores de la derecha, la misma suerte pueda ser reservada a los palestinos. Sería necesaria sólo una oportunidad, una buena guerra, por ejemplo, acompañada por una revolución en Jordania, que pudiera empujar a la mayoría de los habitantes de Cisjordania ocupada hacia el Este.

El espectro del apartheid

Los Smotrich y los Zohars, seamos claros, no pretenden atacar físicamente a los palestinos, mientras que, obviamente, éstos acepten la hegemonía judía sin resistencia. Ellos simplemente se niegan a reconocer los derechos humanos de los palestinos, su derecho a la libertad e independencia. De la misma forma, en el caso de la anexión oficial de los territorios ocupados, ellos y sus partidos políticos ya anuncian sin rodeos que negarán la nacionalidad israelí a los palestinos, así como, por supuesto, el derecho al voto. Para la mayoría en el poder, los palestinos están condenados para siempre al estatus de población ocupada.

La razón es simple y claramente enunciada: los árabes no son judíos y, por lo tanto, no tienen el derecho de reivindicar la propiedad de ninguna parte de la tierra prometida al pueblo judío. Para Smotrich, Shaked y Zohar, un judío de Brooklyn, que tal vez nunca haya puesto los pies en esta tierra, es un propietario legítimo, pero el árabe que nació allí, así como sus antepasados, es un extraño cuya presencia es aceptada sólo por la buena voluntad de los judíos y su humanidad. "El palestino, dice Zohar," no tiene derecho a la autodeterminación porque él no es dueño de la tierra. Lo quiero como residente, a causa de mi honestidad, dado que nació aquí, vive aquí, no voy a decirle que se vaya.  Lamento decirlo, pero [los palestinos] sufren de una laguna importante: no nacieron judíos".

Lo que significa que, aunque los palestinos decidieran convertirse, comenzaran a dejarse crecer los peiot (rulos) y estudiar la Torá y el Talmud, nada adelantaría. Así como a los sudaneses y eritreos y sus hijos, que son israelíes en todos los aspectos - lengua, cultura, socialización. Era lo mismo entre los nazis. Después viene el apartheid, que, según la mayoría de los "pensadores" de la derecha, podría, en ciertas condiciones, aplicarse a los ciudadanos árabes israelíes desde la fundación del estado. Para nuestra desgracia, muchos israelíes que se avergüenzan de muchos de sus representantes electos y desprecian sus ideas, por diversas razones, siguen votando a la derecha.

El autor es historiador, miembro de la Academia de Ciencias y Letras de Israel, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, especialista en historia del fascismo.

Fuente: Carta Maior – 24/2/2018 – Traducción: Roberto Faur.

 

 

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