Jerusalén jamás será unificada
Escrito por AMOS GIL

Desde la Conferencia de Annápolis, se ha expandido la construcción en Jerusalén oriental. Mientras las conversaciones de paz continúan, observamos construcciones sobre el sector que apuntan a frustrarlas. Están en diversas fases de aprobación, un total de 9.617 unidades residenciales situados en los barrios orientales de la capital. Mientras tanto, la construcción privada en el centro de los vecindarios árabes, continúa a paso acelerado.
Esta actividad israelí echa una sombra oscura, no solo sobre la sinceridad de las actuales negociaciones entre las partes, sino también sobre sus posibilidades de éxito. Ante la acumulación de movimientos unilaterales que están siendo implementados sobre el terreno a un ritmo creciente, cualquier discusión acerca de la cuestión de Jerusalén pronto se puede tornar en letra muda, ya que no sería posible alcanzar un acuerdo sobre un entendimiento en la ciudad.
Estos pasos unilaterales incluyen la oleada de construcciones públicas en el sector este de la capital, el apoyo gubernamental a grupos de colonos, la decisión de renovar las excavaciones debajo de la Puerta de Mugrabi y dar inicio a dos excavaciones más en el Valle Sagrado(1) incluso antes que los permisos fueran otorgados, la persistente política de arrasamiento de casas y la prohibición de asociaciones civiles y políticas palestinas.
Sin tener en cuenta si ellos son el resultado de una estrategia política deliberada o una incapacidad para implementar una política de cambio requerida en la ciudad- su consecuencia es clara: en el corto plazo socavarán el delicado status quo de la capital e incrementarán las tensiones en la ciudad, mientras que, en un futuro no distante, pueden dificultar la posibilidad de un compromiso histórico en Jerusalén, con todas sus implicancias.
La dura realidad acentúa la necesidad de desprenderse de eslóganes simplistas y demagogia barata. Una solución genuina en la ciudad estaría solo asegurada mediante un acuerdo diplomático que conduciría a la creación de dos entidades políticas dentro de Jerusalén que permitiría a cada una de ellas hacer su aporte para una verdadera y justa solución, en el área bajo su jurisdicción, a todos los residentes de la ciudad, tanto árabes como israelíes.
Los árabes de Jerusalén no se sienten parte de Israel
Nosotros debemos dejar de forzar la idea de una ciudad unificada. Cientos de miles de palestinos residiendo en Jerusalén oriental, a quienes jamás les fue otorgado ciudadanía israelí, enfrentan una evidente discriminación y abandono y demandan una entidad propia para estar asociados y la que les proporcionaría un servicio adecuado. Sería dificultoso para alguien que alguna vez vio a la verdadera Jerusalén oriental definirla como parte integrante de la capital como la concebimos.
El Estado de Israel ha fracasado en todas las cuestiones relacionadas con proporcionar un adecuado servicio a los residentes de Jerusalén, y hoy deberíamos permitir que una entidad palestina operara dentro de los vecindarios orientales de Jerusalén para intentar proveer a la población todo a lo que es acreedora. Solo si esto tiene lugar seremos capaces de comenzar a avanzar, convirtiendo a Jerusalén de una ciudad conflictiva en una ciudad de paz.
Jerusalén no fue, no será, y no puede ser una ciudad unificada. Es el hogar de una población árabe que siente que no forma parte de Israel y no quiere ser parte de él. El estado mismo, el soberano sobre el territorio les da a los árabes toda la razón del mundo para sentirse de este modo. El modo de enfrentar a esta población no es mediante amenazas o empujándola fuera de Jerusalén a través de construcciones israelíes llevadas a cabo sobre la mayor parte de las tierras reservadas que todavía quedan al este de la ciudad.
Más bien, ello debería encararse mediante la posibilidad de convertir a esta población en parte integrante de una entidad política con la que se pueda identificar y recibir de ella servicios apropiados - servicios que el Estado de Israel ha dejado de proveer en los pasados 41 años.
(1) Valle Sagrado (Holy Basin) terminología extraída de la propuesta de Clinton del año 2.000 que se refiere al territorio comprendido por el Monte del Templo, el Monte de los Olivos, el Monte Sión y algunos lugares cristianos sagrados que serían administrados por un régimen especial y que implicaba su internacionalización.
Amos Gil es el director de Ir Amim (Ciudad de los Pueblos), un grupo sin fines de lucro dedicado a una Jerusalén equitativa y estable con un futuro político acordado.
Fuente: Yediot Ajaronot - 18/04/2008 - Traducción: Israel Laubstein.

