Otra cosa que Netanyahu debería saber

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Escrito por DAN FLESHER

Netanyahu no debería sentirse sorprendido por una investigación publicada en marzo, mostrando que seis de cada 10 judíos americanos eran contrarios a la expansión de los asentamientos, o que la mayor parte apoyaba el involucramiento de los EE.UU. en el conflicto israelí-palestino aún si ello significaba estar en desacuerdo públicamente con, o presionando a ambas partes. Esas respuestas fueron concordantes con muchos estudios anteriores. Pero hubo una fascinante estadística nueva sepultada en los resultados de esa encuesta de marzo, patrocinada por JStreet (Jewish Street), el  grupo que hace lobby pro-Israel alineado a la izquierda: el setenta y dos por ciento de los judíos americanos que son activos donantes políticos se opone a la construcción de asentamientos israelíes. De modo que, si Obama se mantiene firme acerca de los asentamientos, es improbable que pierda a muchos contribuyentes y complacerá a bastantes.

Aún con anterioridad al discurso de Obama de la semana pasada en el Cairo, hubo informes que Netanyahu y sus asesores estaban sorprendidos por la insistencia del presidente de que Israel ponga fin a la construcción de asentamientos. Ahora, mientras Netanyahu prepare su propio discurso sobre el conflicto árabe- israelí, debería ser cuidadoso en no juzgar equivocadamente una vez más la situación, mal interpretando lo que hay detrás de las políticas de Obama en el Medio Oriente. El enfoque del presidente americano en la región está basado en algo más que los elevados ideales y cálculos de los intereses estratégicos de los EE.UU., y que le han sido atribuidos por los medios de comunicación internacionales; es también el producto de un hábil juicio político.

Obama puede parecer un pensativo profesor universitario, pero él y sus más cercanos ayudantes son pragmáticos que fueron educados en las duras exigencias políticas de Chicago. Ellos obviamente han decidido que la búsqueda del presidente de una nueva relación con el mundo islámico, junto a su severa crítica al activismo israelí en los asentamientos, ofrece una potencial retribución política que supera los riesgos por un alto margen.  

Cuando planee su discurso político, Netanyahu haría bien en tener en cuenta también a los votantes americanos, no solo a su presidente. De acuerdo con una encuesta reciente de Zogby International, el 50 por ciento de los votantes considera que, dadas las exigencias americanas anteriores de parar la construcción de asentamientos israelíes, los EE.UU. deberían “endurecer su postura” con Israel. Aún algo que es más importante, el 71 por ciento de los americanos que votaron por Obama piensan de esa manera y el 89 por ciento de ellos dicen que el conflicto afecta negativamente los intereses de los EE.UU. Las bases políticas de Obama están perdiendo la paciencia con los emprendimientos de asentamientos y creen que esto daña a los EE.UU. Esos votantes incluyen a la mayor parte de los judíos americanos y eso constituye otra razón porqué la postura de Obama es políticamente astuta.

Netanyahu no debería sentirse sorprendido por una investigación publicada en marzo, mostrando que seis de cada 10 judíos americanos eran contrarios a la expansión de los asentamientos, o que la mayor parte apoyaba el involucramiento de los EE.UU. en el conflicto israelí-palestino aún si ello significaba estar en desacuerdo públicamente con, o presionando a ambas partes. Esas respuestas fueron concordantes con muchos estudios anteriores. Pero hubo una fascinante estadística nueva sepultada en los resultados de esa encuesta de marzo, patrocinada por JStreet (Jewish Street), el grupo que hace lobby pro-Israel alineado a la izquierda: el setenta y dos por ciento de los judíos americanos que son activos donantes políticos se opone a la construcción de asentamientos israelíes. De modo que, si Obama se mantiene firme acerca de los asentamientos, es improbable que pierda a muchos contribuyentes y complacerá a bastantes.

Los cálculos de los equipos de Obama también incluyen una exacta lectura de los análisis llevadas a cabo por las organizaciones judías. Ellos entienden que es poco probable que el presidente encuentre una generalizada oposición, si continúa firmemente presionando por la paralización de la actividad de los asentamientos, siempre que claramente se comprometa en responsabilizarse por los esenciales requisitos de seguridad de Israel y exigir a los palestinos detener la violencia e incitación.

El grupo más importante  en el tradicional lobby pro-Israel, el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), está aterrado de tener que confrontar con un muy popular presidente demócrata, cuyo partido controla el Congreso. Los dirigentes de AIPAC solo eligen la pelea cuando creen que pueden ganar; ellos se dan cuenta que podrían perder si se encuentran tratando de justificar nuevos edificios de departamentos en los territorios ocupados.

No está muy claro si los asesores de Netanyahu comprendieron todo ésto cuando asumieron sus cargos. Lo que está claro es que él  recibió un buen consejo de los dirigentes judíos americanos y que lo ignoró. Ron Kampeas, el bien relacionado periodista de Washington de la Jewish Telegraphic Agency me dijo que, “los Judíos Americanos pro-Israel le habían estado diciendo que algo tenía quehacer acerca de los asentamientos y que si optaba por una solución de dos estados, las relaciones serían más sencillas.” Otra fuente familiarizada con Netanyahu dijo que “Sus antecedentes muestran que se cree un experto en las relaciones americanas –israelíes y que nadie conoce a América mejor que él.”

Si realmente conoce a América, se daría cuenta que los días cuando los primeros ministros del Likud podían utilizar a los grupos judíos americanos, sionistas  cristianos y al Congreso, para subvertir los deseos de los presidentes, ya han pasado. Como lo fueron los días cuando el conflicto israelí-palestino parecía una distante contienda con escaso impacto al pueblo americano. Ahora avanzar hasta resolverlo es claramente un imperativo de seguridad nacional y los votantes de Obama y, en realidad,  la mayor parte de los americanos lo saben.

Cuando describen a Obama, los medios de comunicación adhieren a la Teoría del Gran Hombre de la Historia que otorga a individuos líderes un crédito primordial para transformar el  mundo. Lo tratan como si fuera una estrella de rock, o como el anunciante de una nueva era. Pero Netanyahu no debería confiar en esa teoría  cuando intente resolver como responderá al presidente americano. Obama es un líder carismático, pero también está expresando la voluntad popular. Él representa tanto la causa como la consecuencia de un generalizado anhelo americano por paz y estabilidad en Medio Oriente.

Eso es el porqué Netanyahu debería saber que si hace promesas vacuas o trata de ingeniárselas para eludir un profundo desacuerdo con los EE.UU. por los asentamientos, corre el riesgo de insultar y enojar no solo al presidente sino a una gran franja del pueblo americano. Resulta difícil de creer que la mayor parte de los israelíes quisieran tomar ese riesgo en aras de un acrecentamiento sin impedimentos, “natural” o de otro modo, en la Margen Occidental.

Dan Flesher, un consultor de los medios de comunicación y asuntos públicos de Nueva York, es autor de “El cambiante lobby de Israel de Estados Unidos: Los límites de su poder y las posibilidades de cambio,” publicado el mes pasado por Potomac Books.  

Fuente: Haaretz 12/06/2009 - Traducción: Israel Laubstein.

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