Somos la bandeja de zanahorias
Escrito por ITZJAK LAOR
Nadie nos salvará del desastre si no lo hacemos nosotros mismos. Para eso es necesario, también, la decisión para confrontarse y no construir un acuerdo nacional basado en "grandes bloques de asentamientos".
Después de que Israel ocupó el Sinaí, en 1956, EEUU le permitió a David Ben Gurión pronunciar un discurso llamado "El tercer reino de Israel" mientras enviaba al Ejército israelí rapidito a casa. Si los estadounidenses hubieran querido terminar con el conflicto en 1967, hubiesen desalojado a Israel de las zonas ocupadas cuatro o cinco guerras atrás con la misma facilidad con la que obligaron al primer gobierno de (Itzjak) Rabin a firmar el primer acuerdo de separación de fuerzas en 1975 ("Reconsideración", una sanción militar que hasta hoy es secreta).
Pero los años pasaron, los muertos fueron enterrados, los inválidos hicieron muchos kilómetros en sus sillas de ruedas, los planes de paz norteamericanos continuaron despertando esperanzas, y EEUU no expulsó a Israel de la tierra palestina.
En sus memorias, Henry Kissinger se jacta de haber engañado a (Andrei) Gromiko, ministro del Exterior de la URSS, cuando éste creyó que la Conferencia de Ginebra, en 1973, solucionaría por completo los conflictos y habría acuerdo entre las potencias, incluyendo el asunto de Palestina. Y cuenta cómo consiguió, a espalda de los soviéticos, un acuerdo entre Egipto e Israel, en forma separada, para una paz parcial y aislada. Ésta es la llave para entender la historia de esta zona.
Nuestra retirada de las zonas ocupadas fue siempre la zanahoria de los americanos. La zanahoria se acompaña del látigo y por muchos años el látigo fue israelí para alegría de nuestra cúspide militar (parte inseparable de la dirección del país desde 1967).
Por ejemplo los bombardeos en Egipto, sin misericordia, sin Corte Suprema y sin "Betselem" (organización israelí en pro de los derechos humanos). Allí fueron bombardeadas ciudades con sus habitantes, fábricas e incluso una escuela en horas de estudio.
Y el método fue muy útil: en menos de 30 años todo el Medio Oriente, incluida la OLP se volvió hacia Occidente, salvo los sirios (que en realidad aún no recibieron sus territorios).
En 1967, antes de la invasión, EEUU estaba en su punto más bajo de influencia en la zona. Los tres regímenes laicos –Egipto, Irak y Siria- estaban más cerca que nunca de la URSS, y ningún medio serio garantizaba la existencia de los dos regímenes feudales, Jordania y Arabia Saudita.
El vuelco comenzó con la victoria israelí. Hoy, el Medio Oriente es más pobre, más desintegrado, está más golpeado y es más fundamentalista e Israel agotó, por lo visto, su papel. El hecho de que se creyera aliado y no un simple látigo; el hecho de que siempre se considerasen las menciones sobre retirada como una imposición que se debe cumplir o no, son parte de nuestra tragedia en la que la vuelta a las fronteras de 1967 y un Estado Palestino al lado de Israel nunca fue creído por la mayoría como un interés propio, sin tomar en cuenta la política de EEUU que durante muchos años no quiso un estado palestino independiente y por esa razón no se opuso de verdad a los asentamientos.
Ahora pareciera que el pequeño movimiento por la paz espera otra vez al “sheriff”: ¡Por favor, venga, libérenos de este desastre en que nos metió nuestro gobierno!... Asentamientos, apropiación de las fuentes de agua palestinas e inclusión de Judea y Samaria dentro de Israel (excluyendo a sus habitantes).
Si Barak Obama piensa de verdad en solucionar el conflicto, llegó el momento de la "gran zanahoria”. El discurso de Biniamín Netanyahu, de tanto que quiso ser correcto, fue vacilante, de tanta sequedad, transpiraba.
Pareciera que espera el momento en que de todas maneras, dentro de la federación de intereses americanos se fortalezca la fuerza de la derecha religiosa, bajo la dirección de “Newt” Gingrich y Sarah Palin y de las Industrias de la Costa Occidental, las que más ganan de las "relaciones especiales" con Israel (como nuestra elite militar, que desde 1967 vive en el paraíso de los tontos).
Parece que la máquina militar israelí ya cumplió su función y puede retirarse. Incluso en 1991, en la Guerra del Golfo, se le insinuó guardar su imperio de armas y otros implementos para las funciones policiales en los pueblitos y ciudades de las zonas ocupadas o para golpes de terror en el Líbano (hasta que sea completamente occidental).
Esa máquina nos convirtió en todos estos años en un pueblo sentado sobre sus espadas, drogado, como si su fuerza fuera ilimitada. Defendiendo la estructura de los asentamientos que no es otra cosa que un estado de "apartheid".
Nadie nos salvará del desastre si no lo hacemos nosotros mismos. Para eso es necesario, también, la decisión para confrontarse y no construir un acuerdo nacional basado en "grandes bloques de asentamientos".
Itzjak Laor es escritor y poeta.
Fuente: Haaretz / Semana.co.il - 17/6/2009 - Traducido por Nurit Ben Shlomo.

