Los palestinos inician la construcción de su primera ciudad de la era moderna
Escrito por HENRIQUE CYMERMAN
RAMALA - La primera ciudad palestina de la era moderna ya se está construyendo, de momento en los ordenadores del despacho de arquitectos de Bashar Masri. El próximo octubre, los bulldozers empezarán a edificar la nueva ciudad, Rawabi, que significa colinas, situada nueve kilómetros al noroeste de Ramala.
El auténtico bulldozer del proyecto, sin embargo, es Amir Dayani, de 38 años, licenciado en administración de empresas en Londres y personificación del nuevo palestino: cosmopolita, eficiente, educado, culto, vestido con trajes de dos mil dólares y que sueña con una Palestina orgullosa de sí misma, abierta a Occidente y a los vecinos -y antiguos enemigos- israelíes.
"Con un capital de 800 millones de dólares, provenientes de inversores de Palestina y de Qatar, en la primera fase construiremos 6.000 viviendas de gran calidad para unas 40.000 personas", afirma con brillo en los ojos. "Basta de lamentarse -añade contundente Dayani-. Yo fui profesor en la Universidad de Bir Zeit y vi mucha arrogancia entre los activistas de la intifada que empezó en el 2000. Ellos no entienden que nuestro Estado se construye con iniciativas como Rawabi, creando miles de puestos de trabajo para la gente de los nueve pueblos palestinos vecinos y llevando a los israelíes a colaborar con nosotros en nuestro sueño".
La primera ciudad planificada de la historia palestina apunta a una clase de jóvenes parejas, universitarios, laicos y con ingresos medios o altos. Pos eso construirán cafés, restaurantes, zonas peatonales, gimnasios y, para los más pequeños, numerosos colegios y guarderías. Y añade con cierta ironía, adelantándose a mi pregunta sobre las mezquitas: "Sí..., también tendremos tres mezquitas y... una iglesia. Estamos ahora en el centro de la ciudad, el corazón de Rawabi, donde habrá un centro comercial, cines y teatros", asegura Dayani en una colina en la que por ahora sólo hay tierra y piedras.
Su jefe, Bashar Masri, es también un hombre de negocios palestino que siempre ha creído en la nueva clase palestina de jóvenes con una percepción del mundo más occidental. Hasta hoy Rawabi era sólo un sueño utópico. Ahora, justamente cuando en Gaza el Gobierno islamista de Hamas imita a Irán y en la franja impone el uso del velo a las mujeres, Masri, con el apoyo de Qatar, se empeña en construir una ciudad para yuppies en el corazón de Cisjordania.
"Esta ciudad conducirá a Palestina al siglo XXI", afirma Zakarías, uno de las decenas de arquitectos e ingenieros que trabajan en el proyecto. Por ahora tienen un jefe técnico estadounidense, Ken Di Angelo, que ya ha construido cinco ciudades en países como Indonesia. "Es un enorme desafío, pero con gente tan capaz a nuestro alrededor, sé que vamos a tener Rawabi II, III y IV", asegura.
La construcción de un Estado palestino no parece inminente, pero toda Cisjordania vive un boom de construcciones e infraestructuras. El Gobierno de Israel pone en práctica la política de su primer ministro, Beniamin Netanyahu, que cree profundamente en la mejora de la situación económica para pacificar la zona. Por eso, los planificadores de Rawabi han acordado ya con Israel el abastecimiento de agua y electricidad. Queda sin resolver la construcción de carreteras de acceso a la nueva ciudad. Para ello, el Gobierno israelí tiene que ordenar al ejército que abandone una zona ocupada en los alrededores de la planificada ciudad.
Hasta hoy, la construcción de un centro urbano en una situación de enfrentamiento y de ocupación parecía una fantasía delirante. Casi todos en Ramala dudaban que fuera posible levantar una ciudad palestina moderna en una Cisjordania salpicada de decenas de asentamientos israelíes (como el vecino Ateret), de puestos de control militares y de un plan islamista –desde Gaza– para aumentar su presencia en Cisjordania. "Ese asentamiento –judío– será evacuado en el futuro: son sólo 400 personas", asegura Dayani, que mira los techos rojos de Ateret, al otro lado de Rawabi.
Israel, ante la presión de la Administración Obama, ha anulado unos 30 puestos de control militares que impedían el tráfico entre las ciudades palestinas y estrangulaban su economía. Durante los primeros años de la intifada, para poder trasladarse de Nablús a Ramala los palestinos más pudientes contrataban ambulancias. Les pagaban 400 shekels (100 dólares, o sea, una fortuna en términos locales) y fingían estar enfermos. Sólo así podían cruzar el puesto de control. Ahora pasan con sus propios coches. Aunque la zona continúa ocupada por Israel, prácticamente no se ven soldados israelíes a la luz del día y se respira una atmósfera de tranquilidad sin precedentes.
"Estoy harta de vivir en guerra. Y quiero que mis hijos crezcan en un ambiente más pacífico, con más calidad de vida y con un aire limpio", explica Nana Asfur, economista y madre de dos hijos, que piensa adquirir un piso en la futura ciudad de Rawabi.
El nuevo ambiente atrae a inversores occidentales y árabes, y en Ramala, Belén, Yenín y Nablús están aterrizando nuevos bancos y compañías financieras, incluso de alta tecnología.
Es una revolución silenciosa y lenta, pero reversible. Una imprevista explosión de violencia puede frenar en seco la esperanza de muchos. Muchas guerras han empezado en verano, pero, este año, en el centro de Ramala se han abierto doce nuevos restaurantes y varios centros comerciales.
En enero del 2010 están previstas las elecciones legislativas y presidenciales palestinas, en las que los islamistas de Hamas harán todo lo posible para frenar ideas como ésta. Mientras tanto, Rawabi pretende dar trabajo a diez mil palestinos cuya misión será construir la ciudad de las colinas, convertirla en una realidad, en el gran referente del futuro de Palestina.
Fuente: La Vanguardia - 10/8/2009.

