El patriotismo de la derecha y sus aliados delirantes

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Escrito por HILEL RESNIZKY

En algún artículo un periodista enuncia los problemas que acarreará el restablecimiento de los colonos en nuevas poblaciones, si acaso se llega a un acuerdo con los palestinos. El articulista habla de medio millón. ¿De donde los sacó?

En Judea y Samaria hay (a mayo de 2009) 280.000 colonos, en Jerusalén Oriental otros 190.000, 30.000 menos que el medio millón. Pero esas son pequeñeces. Porque entre los colonos de Judea y Samaria están los que habitan Gush Etzión y Maalé Adumim que nadie piensa evacuar. En un acuerdo posible Israel cederá a Palestina territorios con áreas similares.

No creo que Israel ceda los nuevos barrios israelíes en Jerusalén. La discusión será por los barrios árabes, sin población judía. No estoy seguro si la integración de esos barrios con su correspondiente población árabe sea un interés israelí real. Sin los bloques de colonización judía, que la Administración de Bush no puso en discusión y sin los nuevos barrios judíos en Jerusalén, la población judía al otro lado de las posibles nuevas fronteras llegará a los 150.000.

De esas cifras o similares estamos hablando. Esas son las cifras cuyos problemas deben ser resueltos. En las seis décadas de su existencia Israel recibió centenares de miles de emigrantes del Islam y alrededor de un millón de ex habitantes de la URSS (judíos y judaizantes). Las reservas respecto a los problemas que suscitarían en Israel me recuerdan al señor gordo en la primera fila del teatro que, después que el prestidigitador extrajo de su sombrero tres conejos, cinco gallinas y un shofar, duda en voz alta de la posibilidad de que saque también una bandera israelí. En la realidad israelí, los milagros son una rutina.

La pregunta que no formula el articulista es cómo llegaron los colonos -centenares de miles- a sus lugares y cuál fue el precio real. No el del posible restablecimiento sino el precio concreto -y ya pagado- de la colonización. La política de colonización insumió millones de dólares y buena parte de la energía creativa nacional. Hay quien recuerda para mal la evacuación de la Franja de Gaza. Algunas preguntas que me hago son: ¿cómo se habría llevado a cabo la operación “Plomo Fundido” habiendo establecimientos judíos en Gaza? ¿Cuál fue el costo de la colonización? ¿Qué función histórica nacional cumplió la colonización de una zona cuya relación real con el pasado judío era bastante dudosa? ¿Alguien pensó encontrar el lugar donde Sansón encontró a su futura esposa Dalila? ¿El templo entre cuyas ruinas encontró su muerte? Posiblemente los filisteos se hayan integrado a los israelíes en la época hasmonea o comienzos de la romana. Los habitantes de Gaza son palestinos, no filisteos hebraizados. ¿Por qué agregar más habitantes a una de las regiones más densamente pobladas del planeta? ¿Qué buscábamos en Gaza? ¡Problemas!.

Los que añoran la Franja de Gaza y deploran la retirada deben responder a esas preguntas con honestidad intelectual. Con la misma honestidad intelectual que me lleva a afirmar que mi crítica no es a los colonizadores que pusieron sus cuerpos y sus almas al servicio de una causa que, en su concepción, creyeron justa. En conceptos de la tercera aliá, “si hace falta un martillo seré un martillo y si hace falta clavos, seré un clavo”. El sector religioso nacional se puso al servicio de la causa de la colonización con la abnegación de todos los pioneros a lo largo de la historia de la colonización, pero con mejores presupuestos. Por primera vez en la historia de Eretz Israel la política de colonización no fue dirigida por la dirección electa del ishuv (la población judía organizada en Palestina) o de Israel sino por un grupo -minoritario- con aquiesencia del liderazgo político mayoritario.

Israel salió a la Guerra de los Seis Días muy bien preparado en el aspecto militar; Levi Eshkol, que era el primer ministro y hasta pocas semanas de la Guerra, titular de Defensa, había transformado a Tzáhal, en sus palabras, en un Sansón lastimero (“a nebejdiker Shimshon”), desde ya no “shlimazel” (desafortunado).
Cuando Nasser pidió el retiro de las fuerzas de la ONU del Sinaí y clausuró a las naves israelíes el paso de Tirán, la repuesta israelí no fue inmediata, como se lo permitía la provocación, lo que permitió a los Estados árabes afianzar sus relaciones hacia una agresión común. ¡Y un riesgo común! El ataque aéreo israelí del 6 de junio decidió en pocas horas el curso de la Guerra que se habría preparado hace mucho.

Israel no tenía proyectos territoriales más allá de sus fronteras del '67. La proposición era “áreas a cambio de paz”. La respuesta árabe en la Conferencia de Jartum (1/9/67) fue: 1) no a la paz ; 2) no al reconocimiento de Israel, y 3) no a las negociaciones. ¿Se acuerdan, chicos vocingleros? ¡Qué lastima que no se pueda acusar a Israel desde el principio, de colonialismo, de expansionismo! Hussein afirmó que en “en el fondo” querían negociaciones indirectas. ¡Y en el pasillo!

Los Caps. 9 y 10 del primer libro de Samuel hablan de Saúl, hijo de Kisch. Salió a buscar los asnos perdidos (en español diríamos los bueyes perdidos) y en el camino fue ungido rey por el profeta Samuel. El Gobierno israelí salió a afianzar su seguridad y se encontró con 60.000 kilómetros cuadrados (tres veces su territorio anterior).

El movimiento laborista israelí fue siempre visionario, pero no mesiánico. El objetivo era Eretz Israel, pero los medios, -adquisición metódica de tierras-, un lugar en el viaje a Marte que se compra en cómodas cuotas mensuales. En la Agencia Judía, el Laborismo junto sus socios burgueses de los Sionistas Generales (Alguemeine) buscaban áreas disponibles y terratenientes dispuestos a venderlas. El mapa de la colonización sionista fue dictado por consideraciones de contabilidad, responsabilidad y sentido común. De modo que se adquirió tierras básicamente en los valles.

En la montañas, Galilea y sobretodo en Judea y Samaria hubo poca colonización sionista y los agricultores palestinos quedaron en sus lugares. Gran parte de la Eretz Israel histórica quedó fuera de los planes de colonización y, en consecuencia, fuera de las fronteras que la UNSCOP (Comisión de Partición de las Naciones Unidas) adjudicó al Estado judío.

Sin previo aviso, el Estado de Israel pasó a controlar las tierras bíblicas. Belén (Bet Lejem); el pueblo natal del rey David, Hebrón, con la Tumba de los Patriarcas, Jericó, derribada a trompetazos (ver Cap. 6 del libro de Josué) salieron de los textos bíblicos y se transformaron en longitudes y latitudes geográficas.

El Gobierno se midió con una realidad desconocida. Desconocida para todos. Casi inimaginable. Poco después de la Guerra paseé con mis padres por el barrio de Shiloaj, allí donde un rey de Judea había construido un acueducto de centenares de metros. Entramos en algunas casas y conversamos amigablemente con los habitantes. Ellos -y también nosotros- estupefactos.  

El maquinista enloquecido

La naturaleza resiste el vacío. En julio de l967 tres judíos de kibuztzim de la Galilea comenzaron a reunir el ganado que había quedado en el Golán. (Se acuerdan de los bueyes perdidos?) Así crearon un nuevo poblado: Merom Hagolán. El 11 de abril de l968 un grupo de judíos festejó el Seder de Pesaj en el hotel árabe “Park” de Hebrón, alquilado a los árabes. Primero allí y luego en un puesto militar. El 19.8.71 ya eran el consejo local de Kiriat Arba. Esto ejemplifica la colonización de Judea y Samaria. Un grupo del sector religioso nacional crea un núcleo colonizador que se establece y recibe luego el reconocimiento del Estado.

Hay que saber que el sector religioso nacional, anteriormente llamado Mafdal (Partido Religioso Nacional), representa un 10% del electorado. En la última Knéset los dos partidos que representan su ideología, Ijud Leumí y Bait Leumí, tienen siete miembros. En la opinión pública tal vez tengan mayor apoyo.
Los partidos mayoritarios son Likud y hasta la ultima Knéset en la cual perdió parte del electorado, el Laborismo. Pero Mafdal dictó la política de colonización. Un furgón de carga se transformó en locomotora. El Likud y el Laborismo establecieron poblados en el Golán y en el valle del Jordan, relativamente vacíos, como lo establecía el plan de Igal Alón, ministro laborista. Los religiosos nacionales colonizaron allí también, pero sus mayores esfuerzos fueron hacia Judea y Samaria. A lo largo de la historia posterior al '67 determinaron la política de colonización. Años más tarde el estupor había pasado para todos. Paseando en camión por Hebrón, paramos ante un almacén y alguien nos arrojó una granada. La primera granada en Hebrón.

En l974, luego de la Guerra de Iom Kipur surgió Gush Emunim como pivot de la colonización y más específicamente de la colonización religiosa nacional. Se comenzó a hablar de “hitnajalut”, un termino similar a “hitiashvut”, colonización pero con un matiz mayor de permanencia y estabilidad. En Judea y Samaria, excluida Jerusalén, la población judía, allende las fronteras del '67 llegó a casi 300.000 personas.
La acción colonizadora del sector religioso nacional se transformó en decisiva. El objetivo claro, a diferencia del Plan Alón, era transformar la presencia colonizadora judía en decisiva e impedir, de esa forma, una transacción con los palestinos.

En algún cuento de Horacio Quiroga el maquinista se da cuenta de que está enloqueciendo y con un supremo esfuerzo de voluntad se sobrepone y detiene la locomotora antes de la catástrofe. Hay quien manejó la locomotora israelí en la época bíblica sin darse cuenta que pasaron dos milenios.

En eso estamos. El lema del revisionismo era “un Estado judío con mayoría judía a ambas márgenes del Jordán”. No un Estado binacional como el que preconiza Kadafi, el líder de Libia. Esa es la alternativa real.
El problema no es la geografía, ni siquiera la historia. Es la demografía. En la Palestina histórica, en las fronteras del '48, los árabes se transforman en mayoría, en el curso de años o máximo lustros. Los territorios de Judea y Samaria son una buena dote. Estamos dispuestos a aceptarla con la novia inclusive, la población árabe de Palestina ¿Estamos preparados los judíos para el primer ministro Mohamad Ganem?
Será el Barack Obama de “Palisrael”(Palestina+Israel).

Si los judíos norteamericanos hubiesen no solamente enviado dinero sino hecho aliá en la misma proporción como los argentinos habría un millón más de judíos. No los hay. ¿Cómo pretenden los anexionistas solucionar el problema demográfico? ¿Repartiendo anticonceptivos a los árabes? ¿Pagando a cada uno centenares de miles de dólares para que se establezcan en Sudamérica? O creando realmente un Estado como el apartheid sudafricano, en el cual los árabes no tengan derechos políticos? El Likud y su antecesor, el revisionismo, entroncan con la tradición liberal europea. ¿Puede el liberalismo ideológico del Likud explicar un Estado en que la mayoría no tiene derechos?

Obama debe transar con el Likud y el Laborismo, mediante un compromiso en base a las fronteras del '67. Obama no debe transar con el rabino Levinguer. Los anexionistas explican las dificultades de las fronteras del '67. La Guerra de los Seis Días se libró desde esas fronteras.

Quien pide un compromiso con los palestinos para llegar a un Estado nacional judío en Israel no es un derrotista. Es un patriota. El otro patriotismo, el de la anexión y las guerras permanentes, queda para Igal Amir y sus aliados delirantes. Sé que el mesianismo israelí tiene un aliado poderoso. El mesianismo árabe. Los mejores aliados y los peores enemigos de ambos pueblos.

Fuente: Aurora - 8/10/2009.

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