Jerusalén debe estar en el centro de los esfuerzos por la paz

Imprimir

Escrito por DAOUD KUTTAB

La primera década del siglo XXI ha sido desastrosa para los palestinos. Los esfuerzos de negociaciones fueron cerrados con un golpe dramático, líderes históricos y líderes potenciales fueron muertos, asesinados o encarcelados y, lo peor de todo, el azote de luchas internas retornó a los palestinos en la forma de la destructiva división Hamás-Fatah.

Si las décadas de 1980 y 1990 fueron testigo de un primer levantamiento palestino relativamente no violento y un reconocimiento de avance mutuo entre la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) e Israel, los diez primeros años del tercer milenio fueron violentos y destructivos. Las largas-décadas de trabajo duro y el sacrificio de palestinos, israelíes y partidarios internacionales de la paz se evaporaron casi de la noche a la mañana.

Un año antes de que estallara la primera intifada, el 15 de noviembre de 1988, los delegados de la OLP al 19º período de sesiones del Consejo Nacional de Palestina apoyaron la declaración de Yasser Arafat de un Estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza para vivir junto a Israel. Cinco años más tarde Arafat estrechó manos con el primer ministro israelí de línea-dura, Yitzhak Rabin, en un gesto que muchos pensaron fue el comienzo de un proceso de paz serio.

Sin embargo, en lugar de ello, el Presidente estadounidense Bill Clinton, quien observó el apretón de manos, pasó los últimos días de su Presidencia de segundo-término presionando infructuosamente para un acuerdo en Camp David. Un último esfuerzo para llegar a un acuerdo en el complejo turístico del mar Rojo de Taba trajo a las partes más cerca de lo que nunca habían estado, pero nuevamente sin éxito. Violentos enfrentamientos estallaron ya por entonces y desde entonces, las conversaciones y negociaciones han sido reemplazadas por intentos fallidos para resolver el conflicto por medio de la violencia. Quizás el mayor fracaso de los políticos fue que no pudieron proporcionar esperanza a su gente y posteriormente fueron incapaces de hacer frente a los que trataron de tomar violentos atajos para resolver el conflicto.

Las razones de la ruptura de las negociaciones de Camp David II han sido habladas hasta la saciedad durante esta última década. Pero contrariamente al giro israelí frecuentemente repetido, Jerusalén y no el derecho al retorno fue la causa del fallido de la Cumbre. De hecho, si hay una cuestión que ha permeado y derrotó a todos los esfuerzos para alcanzar la paz, es Jerusalén.

Fue debido a Jerusalén que el líder de la oposición israelí Ariel Sharon hizo, a continuación, su provocadora visita a la mezquita de al-Aqsa en 2000. La visita fue recibida con furiosas protestas, pero, una vez más a diferencia de la narrativa israelí imperante, la intifada no se inició debido a esta visita. La intifada estalló por la brutalidad del personal de seguridad que Israel utiliza para sofocar a  manifestantes encolerizados. Siete años después el famoso apretón de manos en la casa blanca y 13 años después de la erupción de la primera intifada, los palestinos estaban furiosos por la ausencia de un camino claro hacia el fin de la ocupación y un creciente esfuerzo del asentamiento israelí. A continuación, decenas de manifestantes palestinos fueron abatidos simplemente porque protestaron por la visita de Sharon.

Jerusalén sigue siendo un obstáculo. Como esta primera década del siglo XXI llega a su fin, la parte oriental de la ciudad ha sido rodeada por un muro de hormigón de ocho metros de alto. El número de demoliciones de viviendas palestinas en la ciudad ha aumentado agudamente. A más de 4.000 palestinos nacidos en Jerusalén se les ha negado su derecho básico a residir en la ciudad Santa.

Mientras tanto, Israel está intentando judaizar Jerusalén oriental, especialmente en el área de Sheikh Jarrah, mudar a los judíos adentro y a los no judíos afuera. La cuestión del congelamiento de los asentamientos, que se ha convertido en el principal impedimento para el retorno a las conversaciones de paz, ahora está atascada en la negativa israelí a aceptar su aplicación en Jerusalén oriental ocupada.

La década sin duda no ha sido positiva para los palestinos y con su violencia, la ausencia de las negociaciones y el enfoque especial en Jerusalén este, muchos más problemas puedan presentarse. Esto es especialmente inevitable si la cuestión de Jerusalén va a ser barrida bajo la alfombra.

Irónicamente, mientras que el tema ha sido el principal obstáculo a un avance en este conflicto recalcitrante, un número de esfuerzos se han realizado y continúan ejercitándose para encontrar soluciones. El último de estos esfuerzos es dirigido por un número de veteranos diplomáticos canadienses e investigadores que se han enfocado correctamente sobre la necesidad de resolver la situación de la ciudad vieja de un kilómetro cuadrado.

Que su duro trabajo fructifique dependerá de la voluntad política para encontrar soluciones no violentas al conflicto. Porque si se trata de las fronteras, Jerusalén, el derecho de retorno, asentamientos o acuerdos en materia de seguridad, todas las partes en el conflicto deben saber que no hay soluciones militares o violentas. Las soluciones no violentas requieren de empatía y compasión, así como de justicia y  equidad. Si hemos aprendido algo en esta pasada década sangrienta en Palestina e Israel, es que la violencia engendra sólo violencia.

Daoud Kuttab es un periodista palestino y ex profesor de periodismo en la Universidad de Princeton.

Fuente: bitterlemons.org - 4/1/2010 – Traducción: Roberto Faur.

 

Apoye la Iniciativa de Ginebra: envíe un e-mail a info@pazahora.net

Escriba en la línea de asunto: "Apoyo Ginebra", e informe su nombre completo, profesión/actividad y ciudad/provincia.