¿Negociaciones? No, gracias
Escrito por MORDEJAI KEDAR
Desde que el Gobierno de Netanyahu fue elegido, a finales de marzo de 2009, las negociaciones entre Israel y los palestinos han sido congeladas. Parece que las dos partes lo prefieren así. Por supuesto, para hacer frente a la comunidad internacional y particularmente a los Estados Unidos, cada lado pretende estar interesado en renovar las conversaciones. Pero debajo de la superficie, ambos tienen miedo de proceder.
El Gobierno israelí teme el momento cuando las cuestiones centrales se pongan sobre la Mesa ya que es incapaz de vender a sus mandantes concesiones sobre Jerusalén, los asentamientos y las fronteras. En este sentido, el simple comienzo de las negociaciones es responsable de ponerle fin al plazo del mandato de Gobierno. El Primer Ministro Binyamin Netanyahu aparentemente no quiere seguir los pasos de Ariel Sharon: este último será recordado en la conciencia nacional como el líder que dio a los palestinos el bloque Qatif, removió a los judíos de Gaza y obtuvo a cambio ataques con cohetes Qassam.
Netanyahu sabe que cualquier concesión en Jerusalén oriental es inaceptable para sus votantes y que él siempre sería recordado como el hombre que dio a los enemigos de Israel la ciudad Santa. Otro motivo de preocupación para Netanyahu es su incapacidad para garantizar que un Estado palestino no podría en algún momento convertirse en un estado de Hamás. Por todas estas razones, prefiere no entrar aún en discusiones con los palestinos sobre cuestiones fundamentales.
Los palestinos también se han enamorado del statu quo, particularmente en la medida en que puedan obtener sin negociaciones lo que no pueden obtener mediante conversaciones. El Presidente de los Estados Unidos repetidamente se pronuncia sobre la necesidad de establecer un Estado palestino con continuidad territorial. Los europeos -y quizás unos cuantos funcionarios del departamento de Estado y la Casa Blanca— apoyan una declaración unilateral de independencia palestina, sin negociaciones, con fronteras a lo largo de la línea verde y el territorio que incluye las áreas que Israel anexara a Jerusalén en 1967, incluso aquellas que se han convertido en barrios judíos. Así que ¿por qué los palestinos necesitarían negociaciones si pueden obtener lo que quieren sin ellas?
Otro problema que los palestinos pueden evitar eludiendo las negociaciones es la disputa entre la OLP/Ramallah y Hamás/Gaza. No hay ninguna certeza de que los negociadores de paz palestinos pueden controlar lo que ocurre en Gaza o podrían obligar al Gobierno de Haniya a honrar cualquier acuerdo que Israel y los palestinos alcanzaran. Las negociaciones celebradas a la sombra del cisma palestino pueden perpetuar una situación de dos entidades palestinas: Ramallah, mediante negociaciones, podría avanzar hacia una solución, mientras que Gaza seguiría estando deliberadamente atascada con posiciones que posiblemente no pueden posibilitar el comienzo de las negociaciones. Los palestinos no están preparados todavía emocionalmente, públicamente y políticamente a admitir que la división es permanente, por lo tanto no pueden iniciar las negociaciones sobre el estatus final en el que Ramallah participe sin Gaza.
Peor, el hecho de las negociaciones proporcionaría a Hamás con munición contra la Autoridad Palestina. Hamas podría propagar rumores sobre concesiones palestinas; incluso si los rumores son infundados podría privar a los líderes de la AP de la poca legitimidad pública que disfrutan actualmente. Además, el liderazgo de Ramallah sabe que a través de las negociaciones no puede obtener todas sus demandas, en particular con relación al tema de los refugiados, en la medida en que la negativa a permitir el regreso de refugiados es compatible con un amplio consenso de la opinión pública israelí. De ahí que no quiere entrar en una situación de negociación en la que tendrá que ofrecer concesiones. Mejor dejar que el mundo presione a Israel para hacer más y más concesiones incluso antes de que las conversaciones hayan comenzado.
La percepción de que las negociaciones no merecen la pena y que si entraran en ellas no se generarán importantes logros ha sido difundida últimamente entre los intelectuales palestinos. Una y otra vez, se plantea la alternativa de un solo Estado. Esta solución pretende perpetuar la situación existente por medio de la retractación palestina del concepto de un Estado independiente, junto con la demanda por la ciudadanía y el derecho de voto en un solo Estado.
Dejar a la demografía ganar: aumentaría las tasas de natalidad palestina y podría haber un cierto regreso de los refugiados, contra la emigración generalizada que refleja la negativa judía a vivir en un estado binacional que comprenda una gran proporción de árabes. Así, a través de cambios demográficos, el único Estado se convertiría en pocos años en un Estado palestino que se extendería desde el río Jordán hasta el Mediterráneo. Así que ¿por qué deberían los palestinos entrar en negociaciones sobre un estado en sólo una parte de la tierra? Este enfoque es apoyado por un número creciente de israelíes que temen que incluso un acuerdo de estatus final no pone fin al conflicto porque para muchos palestinos aquí y en el extranjero no sería suficiente con un Estado palestino sólo en la Ribera Occidental y Gaza.
Por lo tanto, no creo que en un futuro próximo se reanudarán negociaciones serias. Puede haber una foto-op o dos, principalmente para el álbum de fotos de la casa blanca-pero no mucho más.
El Dr. Mordejai Kedar es profesor en el Departamento de Árabe e investigador asociado en el Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos de la Universidad Bar-Ilan.
Fuente: bitterlemons.org – 18/1/2010 – Traducción: Roberto Faur.

