El Golán, no Jerusalén, es la clave para la paz en Medio Oriente
Escrito por ARI SHAVIT
Aunque Ari Shavit soslaya la importancia del activismo expansionista que tiene en el actual gobierno israelí su principal impulsor, y que está constituyéndose en un importantísimo obstáculo para cualquier avance que tienda hacia un acuerdo de paz en la región, presentamos su punto de vista de que la paz puede lograrse por un camino alternativo. Al sostener que la paz con Siria no debe ser declamatoria, sino que se le debe devolver las Alturas del Golán, el autor cree en la posibilidad de encarar el conflicto regional en Medio Oriente de otro modo, realista según él, para los intereses de Israel.
La solución al problema de Jerusalén es conocida ampliamente. Los vecindarios israelíes quedan para Israel, los de los árabes les son entregados a los palestinos y los Lugares Sagrados quedan integrados a un régimen especial. La solución al problema de los refugiados también es de conocimiento general: el derecho de retorno de los palestinos solo se aplicará al territorio del estado Palestino, mientras que dicha reclamación no será aplicada al territorio del estado judío. De igual modo es conocida la solución al problema de los asentamientos: Intercambio de territorios anexando los grandes asentamientos edificados a Israel, y el desalojo de los asentamientos aislados.
Todas estas soluciones aseguran fácilmente que un estado Palestino desmilitarizado vivirá pacíficamente al lado de la nación judía. Y nos posibilitará poder pasar, dentro de un año o dos, de una era de conflicto a una era de paz.
Pero aquí está el problema. Ninguna de estas generalizadas y simples soluciones puede ser implementada en el futuro inmediato. Hasta la fecha, los palestinos no están aceptando una Palestina desmilitarizada o un Israel judío, ni están queriendo renunciar a su reclamo de retorno al territorio soberano de Israel. Israel, por su parte, no tiene un poder institucional estatal suficiente para desalojar 100 asentamientos con sus 100.000 residentes. Y ni Israel ni Palestina poseen la madurez y responsabilidad necesaria para dirigir un delicado régimen de coexistencia sobre Jerusalén, la ciudad más peligrosa del mundo.
La conclusión es evidente. Aunque todo el mundo sabe al parecer, como quedaría el anuncio del acuerdo de dividir al país, hay pocas posibilidades que éste sea firmado o implementado en los años venideros. No resulta sorprendente que Ehud Olmert y Tzipi Livni fracasaran en lograr algo durante sus años de conversaciones con Mahmoud Abbas y Ahmed Qureia. Además no es sorpresa que los palestinos se estén rehusando a sostener negociaciones directas con Israel y que Israel no haga nada para desalojar los puestos de avanzada ilegales.
La idea que la paz se está por alcanzar es una falsedad, algo que simplemente ambas partes le están diciendo al resto del mundo para disimular sus respectivas agendas ocultas. Los palestinos sienten que la historia está operando a su favor, y no están dispuestos a comprometerse. Los israelíes, mientras tanto, están paralizados. Ambos hablan de la paz y juegan a la paz, pero ninguno está queriendo pagar el precio de la paz.
En la segunda mitad de 2010 Estados Unidos tiene la intención de retirar la mitad de sus fuerzas de Irak, y también busca terminar la guerra en Afganistán en algún momento de 2011. En el ínterin, tendrá que tratar con Irán. Para salir bien en estas tres enormes misiones, Estados Unidos está tratando de apelar al mundo árabe musulmán. Está operando para mostrar que son tan atentos con los 330 millones de árabes como lo son con los 13 millones de judíos. Por lo tanto, Washington está tentado a creer en lo imposible: complacer al Islam, para cerrar rápidamente el expediente del conflicto israelí-palestino.
La tentación es algo letal. Estados Unidos puede presionar a Israel, pero no a los palestinos. Tratando de forzar a las partes a una falsa y presurosa paz, ésta terminará ya sea en un estallido o en un peligroso, parcializado acuerdo. Cualquiera de las dos maneras, el resultado será el opuesto al buscado por los americanos. Quebrando la espalda de Israel e instigando una serie de crisis progresivas en Jerusalén, desestabilizará al Medio Oriente; tarde o temprano esto provocará una renovación de la violencia. La guerra que finalmente estallará no será local, sino regional con una dimensión religiosa.
La administración Obama tiene solamente una salida. Solo un acuerdo de paz israelí-sirio puede balancear el Medio Oriente. Solo un tratado de paz israelí-sirio ayudará a Irak, aislará a Irán e indirectamente contribuirá a la causa en Afganistán. Solamente un acuerdo como éste puede crear el intervalo de tiempo necesario para garantizar un lento pero seguro progreso en el sendero palestino.
De modo que en lugar de exigir que el primer ministro Benjamin Netanyahu entregue Jerusalén, Washington debería exigir que entregue las Alturas del Golán. El presidente de EE.UU., Barack Obama, debería volcar todo su peso detrás de un acuerdo de paz en el norte. La reconciliación israelí-siria es el único camino realista para traer, tal vez este año, la paz al Medio Oriente y para justificar el Premio Nobel de la Paz otorgado a Obama en diciembre.
Fuente: Haaretz 8/4/2010 - Traducción: Israel Laubstein.

