Esos palestinos ingratos
Escrito por YARIV OPPENHEIMER
Los palestinos son tan ingratos. En lugar de estar contentos de que la economía israelí aprendió a explotar las tierras de Judea y Samaria e invirtió grandes cantidades en la construcción de fábricas y zonas industriales en los territorios, la Autoridad Palestina anunció un boicot y la prohibición de comprar productos israelíes de los asentamientos. Podríamos haber esperado algo más de los palestinos. Después de haber robado sus tierras, construido zonas industriales en los territorios y explotado la mano de obra barata que proveen en abundancia, lo menos que podíamos haber esperado a cambio era que compren los productos manufacturados en los territorios para ayudar a la economía israelí a que continúe desarrollándose en la tierra ocupada.
Después de todo, el Consejo Regional de Samaria recibe los impuestos municipales de la fábrica Bagel y Bagel en la parte industrial de Barkan, que utiliza para ampliar los asentamientos y financiar el desarrollo de carreteras e infraestructuras para los puestos de avanzada ilegales en sus linderos. Sin duda se trata de una buena causa para que el dinero palestino deba dejar de fluir. Así que realmente no está claro por qué de repente, después de años de servir a la política de ocupación en los territorios con sus propias manos y el dinero, los principales ministros palestinos de la AP (Autoridad Palestina) han declarado un boicot a los productos de los asentamientos.
¿Qué ha cambiado? ¿El gobierno de Fayyad y Abbas de repente entiende que fue un error el actuar por conveniencia económica a corto plazo y empieza a pensar en sus objetivos políticos a largo plazo? ¿El pueblo palestino decide luchar contra la ocupación israelí en forma no violenta, optando por medios más legítimos y aceptables?
En aras de la equidad debemos reconocer también que las fábricas en los asentamientos no perjudican sólo a los palestinos. La industria en los territorios afecta a la economía israelí en primer lugar, moralmente, económicamente y políticamente. Más allá del fracaso moral de la propia ocupación y la toma de tierras y colinas en Cisjordania, la transferencia de fábricas a los territorios ha permitido a sus propietarios explotar cínicamente a miles de palestinos sin trabajo y emplearlos por salarios bajos, por debajo del salario mínimo y por lo general sin beneficios sociales. Por alguna razón, los campeones de los derechos laborales se callan cuando se trata de trabajadores palestinos, trabajando como burros, sin pensiones, sin seguridad económica y sin prestaciones sociales. Por otra parte, el traslado de fábricas a los territorios y el uso de la mano de obra barata disponible, excluye a los trabajadores israelíes, que pierden el empleo por los trabajadores palestinos.
Económicamente, las exportaciones israelíes sufren de oleadas de resistencia internacional, entre otras cosas debido a la construcción de fábricas y otras instalaciones industriales más allá de la Línea Verde. La aversión a los productos de los asentamientos hace al mundo poco entusiasta siquiera de comprar productos fabricados en Israel propiamente dicho, principalmente debido a la incapacidad de distinguir entre las distintas fábricas situadas dentro de la Línea Verde y las de la Ribera Occidental. El precio de las sanciones internacionales está siendo pagado por todos los ciudadanos de Israel, como parte de la "indemnización de los exportadores", que da a las fábricas en los asentamientos compensaciones de NIS (Shekels) 15 millones al año. Por otra parte, las fábricas en los territorios también reciben beneficios fiscales como parte del mapa de áreas prioritarias, todo ello a expensas de las fábricas en Israel que están fuera del mapa y no tienen derecho a una ayuda gubernamental equivalente.
Tan pronto como la intención de boicotear productos de los asentamientos se conoció, los jefes del Consejo de Yesha (Consejo Regional de Judea Y Samaria) y los voceros del gobierno lanzaron un fuerte ataque dirigido sobre la Autoridad Palestina, diciendo que rompen las reglas de juego y socavan los esfuerzos de paz. Después de todo, ¿quién sino nosotros, los israelíes, no está dispuesto a tolerar los boicots y la excomulgación? Israel no permitirá el boicot y sanciones contra los bienes o servicios suministrados por otro país. ¿Alguna vez entró en la mente de algún ministro o miembro de la Knéset llamar a un boicot de consumo contra Turquía, por ejemplo? Los palestinos han ido realmente demasiado lejos. Boicotear productos por estrechas razones ideológicas no es aceptable para un país civilizado.
"Los palestinos se están disparando en el pie", aseguraron los directivos de las industrias en su típico buen tono protector. En lugar de cooperar con las fábricas en los asentamientos, los palestinos están dispuestos a sacrificar las pizcas de sustento que todavía tienen, por su lucha por la independencia nacional. En realidad, un paso inexplicable a los ojos de Israel. Como un ladrón pidiendo a la víctima que pague por los bienes que tomó, así también lo hace descaradamente Israel al seguir exigiendo a los palestinos que agradezcan a sus patrones colonos y que continúen gastando su buen dinero en productos de las fábricas en los asentamientos.
Fuente: Shalom Ajshav (Peace Now) – 25/5/2010 – Traducción: Roberto Faur.

