¿Proceso de paz o paz verdadera?
Escrito por DAOUD KUTTAB
RAMALLAH – Las conversaciones directas entre los líderes palestinos e israelíes son la manera más evidente de lograr la paz en el conflicto de Oriente Medio. Pero la historia ha demostrado una y otra vez que un proceso de paz de perfil alto, por sí solo, no es la receta del éxito.
Todo está previsto para que la Liga Árabe se reúna más avanzado el mes con el fin de asesorar al liderazgo palestino sobre si comprometerse o no en conversaciones directas con Israel. Las autoridades palestinas dicen que no tiene ningún sentido entablar conversaciones directas que no son más que la oportunidad de sacarse una foto con el objetivo de crear la impresión de un proceso de paz al mismo tiempo que se evita todo compromiso sustancial.
Para los palestinos, el primer paso en verdaderas conversaciones de paz debe incluir algún acuerdo sobre las cuestiones básicas de las fronteras y la seguridad. Los palestinos han presentado a sus pares israelíes (a través de los estadounidenses) un ofrecimiento por escrito que incluye la cesión de tierras ocupadas por Israel en 1967 y hoy habitadas por colonos israelíes. Esas tierras serían intercambiadas por otras tierras iguales en tamaño e importancia. Israel todavía no ha ofrecido un solo documento por escrito que establezca su postura en cuanto al territorio que se convertirá en un estado palestino al costado de Israel.
Los israelíes insisten en que sólo se logrará un progreso serio si ambas partes se sientan a la mesa de negociación cara a cara. Según su punto de vista, se podría persuadir a la coalición de derecha de Netanyahu para que aceptara que se prolongue el congelamiento parcial de los asentamientos sólo si la población israelí ve que el presidente Mahmoud Abbas y Netanyahu se comprometen públicamente en negociaciones. Sin embargo, lo que nos cuenta la historia sobre este tipo de negociaciones es algo muy diferente.
Todos los esfuerzos exitosos en el conflicto de Oriente Medio no han ocurrido frente a las cámaras ni a través de conversaciones directas de conocimiento público. La visita a Jerusalén del entonces presidente egipcio Anwar el-Sadat, y el subsiguiente avance entre Egipto e Israel en Camp David, recién tuvieron lugar después de que se llegara a acuerdos exitosos detrás de escena. Las conversaciones públicas en Madrid no generaron ningún avance importante, mientras que el canal mucho más secreto de Oslo trajo aparejado el acuerdo entre Israel y la OLP. Aún algunas de las situaciones más explosivas en el terreno entre Israel y sus vecinos del norte se distendieron como resultado de acuerdos que muchas veces incluyeron terceras partes neutrales.
El ex senador estadounidense George Mitchell representa una tercera parte relativamente neutral en la supervisión de las conversaciones que se llevan a cabo actualmente. Estas “conversaciones de proximidad” le permiten a Mitchell asegurar que cada parte está haciendo ofrecimientos serios. Si las conversaciones de proximidad se remplazan por conversaciones directas en las que Estados Unidos no se encuentre físicamente dentro de la sala de negociación, no existe ninguna garantía de que el socio más fuerte no intente intimidar al más débil.
Las conversaciones directas también tienen ciertas deficiencias bien conocidas. Las conversaciones directas fallidas muchas veces derivaron en un estallido de violencia. Ninguna de las partes, ni el resto del mundo, quiere eso.
Cuando el ex presidente estadounidense Bill Clinton intentó organizar la segunda cumbre de Camp David, el líder palestino Yasser Arafat dudó. Sentía que la situación no era apropiada para conversaciones directas. Lo que le preocupaba a Arafat era la posibilidad de un fracaso y el potencial juego de responsabilidades si las conversaciones no generaban el objetivo deseado.
Clinton, que estaba envuelto en problemas domésticos, necesitaba a toda costa un éxito internacional, y le aseguró a Arafat que no se le echaría la culpa a ninguna de las partes si las conversaciones fracasaban. Pero apenas las partes se marcharon de Washington después de que las conversaciones se interrumpieran, Clinton se sumó al entonces primer ministro israelí Ehud Barak y responsabilizó a los palestinos.
Ese fracaso, y las respuestas emocionales de ambas partes ante lo que se ofreció y no se ofreció en las conversaciones, ayudaron a desatar la violencia que condujo a la segunda intifada en el invierno de 2000. A su favor, Clinton y sus funcionarios decidieron, a pesar de la violencia, hacer un último intento en Taba, Egipto, a fines de su presidencia. Se dice que ese esfuerzo fue el más cercano a un avance importante al que hayan llegado las dos partes.
Sería muy útil si el acuerdo de Taba o los esfuerzos más recientes realizados por Abbas y el ex primer ministro israelí Ehud Olmert pudieran convertirse en la base de conversaciones directas. El gobierno de Netanyahu se ha negado a aceptar un punto de referencia tan claro antes de que comiencen las conversaciones. Los israelíes quieren conversaciones sin condiciones, aunque Netanyahu haya impuesto su propia condición a los palestinos: el reconocimiento de Israel como un estado judío, y la aceptación de un estado palestino desmilitarizado que no incluya a Jerusalén y al valle del Jordán.
Todos los expertos en Oriente Medio coinciden en que el mejor camino hacia un avance serio en las negociaciones palestino-israelíes son conversaciones tranquilas, en bambalinas. El mayor obstáculo para una conclusión exitosa es la población en ambos lados, de manera que cuanto más alejado se mantenga al público de las conversaciones día a día, mejor.
Por supuesto, se puede y se debe incluir a la población a través de un referendo nacional donde se evalúen los resultados una vez que las conversaciones se hayan cristalizado y se haya alcanzado un acuerdo integral con el cual ambos líderes puedan convivir. Pero, hasta que llegue ese día de dicha, o al menos hasta que las dos partes hayan alcanzado los ribetes de un acuerdo, las conversaciones directas y las fotos deberían considerarse contraproducentes. Después de todo, los palestinos y los israelíes ya no están interesados en el proceso de paz. Sólo quieren la paz.
Daoud Kuttab es gerente general de Community Media Network, en Amman, y ex profesor de periodismo en la Universidad de Princeton.
Fuente: Project Syndicate - 11/8/2010.

