Adictos a los palestinos

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Escrito por ESHKOL NEVÓ

Desde hace más de 15 años, todos los esfuerzos políticos de Israel están orientados en una sola dirección: lograr un acuerdo de división territorial con los palestinos. Todavía no hay un acuerdo intermedio, pero una síntesis intermedia se puede hacer.

¿Y qué tenemos? Cientos de encuentros secretos, decenas de reuniones abiertas, dos cumbres internacionales, abundancia de encuentros, días de estudio y reflexión, al menos cinco elecciones nacionales que tuvieron como tema central el conflicto con los palestinos, un asesinato político altamente traumático, la Desconexión de Gaza que dividió al pueblo, decenas de mediadiores norteamericanos que se fueron así como vinieron, y cientos de acuerdos cajoneados, documentos, entendimientos y declaraciones de principios.

Sólo una cosa no se ha logrado durante todos estos años: paz. Una paz que permita finalizar la violencia mutua y que ambos pueblos puedan vivir sin amenazas. ¿Es ésta una razón válida para interrumpir los esfuerzos? Por supuesto que no. El enfrentamiento tiene, para ambas partes, un alto costo en vidas humanas, en heridas del alma y el cuerpo, y por eso debemos aspirar siempre a poder resolverlo.

Sin embargo, quizás haya llegado el momento de revisar la exclusividad que le damos a los palestinos en nuestro horizonte político.

Desde hace varios años Siria da señales de querer una solución pacífica de su conflicto limítrofe con Israel. Durante el último tiempo, Siria por sí misma, no ha tomado ninguna medida militar contra Israel. Ni disparo de misiles, ni secuestros, ni ataque alguno. Por el contrario, según fuentes extranjeras Israel llevó a cabo durante el último año dos operativos agresivos (no hay otra mamera de calificarlos), en pleno corazón de Siria. Si Siria hubiese tenido en mente salir a una guerra contra nosotros, esos ataques le podían haber dado una cómoda excusa para hacerlo.

Pero el liderazgo sirio eligió (con inteligencia) contenerse y volver a dar señales de que su intención es lograr la paz.

Los sirios no son santos. Es cierto que brindan refugio a organizaciones terroristas que actúan contra Israel, y así aumentan la violencia en la región. El tema de las Alturas del Golán tampoco es simple, por decirlo así, y su solución al parecer requerirá intervención internacional.

Pero justamente para eso existe la negociación. Una negociación como ésa frente a los sirios será larga, compleja y plagada de momentos críticos. Pero, ¿Por qué no intentar? Las respuestas de nuestros líderes políticos a esta pregunta, en realidad, compiten entre sí en cuanto a su falta de sentido y coherencia.

Mientras que en Israel oficialmente se lleva a cabo una negociación (y con razón) con los representantes de un pueblo que envía a sus hijos a hacerse estallar en nuestos autobuses y restaurantes y disparan misiles contra nuestros jardines de infantes, con Siria no están dispuestos a intercambiar una sola palabra hasta que los sirios se comprometan - de antemano - a hacer desparaecer toda la infraestructura terrorista de su territorio.

Mientras que Israel se retira y está dispuesta a retirarse (con razón) de muchos territorios con el objeto de finalizar el enfrenamiento armado con los palestinos, exige que Siria corte sus relaciones con Irán (de antemano) antes de empezar a hablar de las Alturas del Golán.

¿Será que no negociamos con Siria porque nos volvimos adictos a los palestinos? ¿Será que nos acostumbramos a la comodidad que hay en una negociación por la que no pagamos ningún precio?  Siempre podremos confiar en que, a último momento, los palestinos cometerán un terrible atentado, o lucharán entre ellos, o comenzarán una nueva Intifada que destruirá todo. Mientras tanto se puede redactar documentos, levantar el bloqueo, imponer el bloqueo, encontrarse, reunirse, anular reuniones y ganar el rédito político y mediático que conlleva la declaración pública de ser quien está llevando a cabo negociaciones "serias" que a largo plazo exigirán "concesiones dolorosas".

¿Será que a nuestra dirigencia le resulta más cómodo continuar en este parloteo que no exige ningún compromiso que comenzar un verdadero diálogo, realmente serio, sin comillas, con un país que tiene una dirigencia oficial y consensuada, que exija de Israel concesiones dolorosas verdaderas, pero que puede traernos una tranquilidad real a lo largo de la frontera norte y cambiar por completo la relación de fuerzas en el Medio Oriente?

Fuente: Yediot Ajaronot - Povesham - 15/4/2008.

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