Ve por ello, Olmert
Escrito por YOEL MARCUS
Ha sido nuestra regla habitual, con respecto a los líderes árabes, nunca prestar atención a lo que ellos dicen públicamente. No tomamos seriamente a Sadat cuando declaró que estaba dispuesto a sacrificar un millón de soldados para recuperar el territorio en el Sinaí. No le creímos y fuimos sorpresivamente atacados en la Guerra de Yom Kippur. No le creímos a Sadat cuando declaró que estaba dispuesto a aparecer personalmente en la Knesset para traer la paz. Nuevamente nos sorprendió: Vino y se dirigió a la Knesset.
Jugó a nuestro favor que en aquel momento fuera primer ministro Menachem Begin, y no Golda Meir, que jamás creyó palabra alguna que saliera de la boca de un líder árabe. Si Golda Meir hubiera vuelto al poder en aquel momento, la primera cuestión que ella le habría preguntado habría sido qué es lo que planeaba decir en la Knesset. La visita jamás se habría concretado.
A Begin no le importó lo que Sadat diría en la Knesset. Lo que en su opinión era importante era el histórico logro del tratado de paz con el más grande y poderoso enemigo de Israel. Para mejor o para peor, el tratado con Egipto, que trajo con él un tratado de paz con Jordania, se ha mantenido por 30 años.
En reconocimiento de Yitzhak Rabín, Benjamín Netanyahu y Ehud Barak, puede decirse que todos ellos se esforzaron con variados grados de entusiasmo en hacer las paces con Siria, de modo que pudiéramos convertirnos en un país viable con fronteras reconocidas, y lo hicieron así con la convicción de que ello haría más fácil resolver el problema palestino cuando Israel estuviera en paz con países que se habían complotado para destruirlo.
Todos estos intentos fracasaron, debido a que el entonces presidente Hafez Assad se puso difícil y porque Israel se enamoró de las Alturas del Golán y sus encantos, sin mencionar el rechazo de devolver el Golán por parte del establishment de la defensa por razones estratégicas.
Según Erdogan, Assad desea que las conversaciones se inicien a bajo nivel, y solo cuando se hayan logrado resultados positivos se convoque a los líderes de los dos países a reunirse. Este bajo nivel esta condenado desde su inicio. La grandeza del tratado de paz Israel-Egipto consistió en que el final ya era conocido por adelantado. Sadat sabía que recibiría todo el Sinaí, e Israel sabía que habría un acuerdo contractual de paz.
Ir resolviendo los más mínimos detalles fue en realidad una pesadilla que se hizo interminable durante año y medio, hasta que fue firmado un tratado ceremonioso en los jardines de la Casa Blanca. En retrospectiva, si el proceso se hubiera iniciado con funcionarios de bajo rango, regateando sobre los detalles sin saber a que tendía finalmente, las conversaciones se hubieran roto. A la postre, eso es lo que ha ocurrido en varios encuentros con los sirios.
La propuesta de Assad es la clase de asunto donde es necesario detectar primero la finalidad. Siria tiene derechos formales sobre las Alturas del Golán del mismo modo que Egipto tenía derechos formales sobre el Sinaí. Desde nuestra perspectiva, el Golán -como el Sinaí- no es parte de la ilusión del Gran Israel. No estamos sentimentalmente ligados a él como un lugar sagrado. Lo que tenemos son amargos recuerdos de derramamientos de sangre causados por la agresión siria y las infiltraciones de tanques.
Nuestra experiencia con el cumplimiento de las promesas de Siria respecto a la actividad militar a lo largo de la frontera ha sido satisfactoria. El problema es que si bien Siria puede no estar involucrada abiertamente en algún incidente, se ha convertido en un lazo salvavidas para el Hezbollah, proporcionándole patrocinio, dinero y misiles, de Irán y de sus propios arsenales. Siria oficia de anfitrión a los cerebros del terrorismo palestino en Damasco y, sobre todo, nos amenaza con su alianza estratégica con Irán.
Un acuerdo con Siria es la clase de asunto que los líderes israelíes necesitan examinar con microscopio. Debe incluir la expulsión de los jefes del terrorismo palestino de Siria, finalizar con el armado de Hezbollah, y lo más importante, cortar su alianza estratégica con Irán.
No hay nada que pueda forjar un cambio más positivo en Medio Oriente que una paz entre Israel y Siria. Si Assad comprende que es lo que se requiere de él, y él realmente lo desea, eso tiene mayor fuerza que el temor de algún líder israelí de que las concesiones sobre las Alturas del Golán serán rechazadas por la oposición en la Knesset o por la opinión publica israelí.
Ve por ello, Olmert.
Fuente: Haaretz - 30/04/2008 –Traducción: Israel Laubstein.
| < Prev | Siguiente > |
|---|



