El club de los negocios raros
Escrito por ALFREDO GRIECO Y BAVIO
Vista desde Occidente, la diferencia entre sunitas y chiítas parece una distinción menor: académica. Sin embargo, son las dos mayores ramas que dividen al Islam. Dos ramas que no guardan relaciones apacibles entre sí. Algo así como católicos y protestantes entre los cristianos (basta pensar en Irlanda del Norte). Los chiítas se separaron de los sunitas, que representaban y representan la ortodoxia musulmana. Son la minoría en el conjunto del Islam.
Pero, mientras que los sunitas no tienen un equivalente del Vaticano de los católicos, los chiítas sí. Y es Teherán, capital del único país islámico donde los chiítas son mayoría absoluta. Un país que es una teocracia y, además, una próspera nación petrolera que proporciona recursos financieros y armamentos a las milicias chiítas. Sin embargo, a Hizbulá no le alcanza con las divisas que recibe de Irán. Para combatir a sus adversarios sunitas y al Estado de Israel, y también para financiar las obras sociales que le otorgan popularidad en el Líbano, aumenta sus ingresos con el tráfico de diamantes, cocaína, cigarrillos y hasta pastillas de Viagra.
Como buenos mediorientales, los hombres y mujeres de Hizbulá son excelentes para los negocios. Aun antes que para la guerra. Tradicionalmente, desde la Edad Antigua, los pueblos que habitaron esta región del Levante que es una encrucijada mundial del comercio demostraron poseer aquello que el historiador británico Arnold J. Toynbee llamó “el genio de la sociedad siríaca para los negocios”. Los chiítas que combaten a sangre y fuego contra sus odiados sunitas en Beirut y Trípoli no son la excepción. La guerrilla de Hizbulá cuenta con un amigo pobre y militar, Siria, y con un amigo rico y petrolero, Irán. Pero no les alcanza. Así que los Hizbulá tienen que vender para que la lucha continúe. Y venden mucho y bien. Una investigación del mayor diario italiano, el Corriere della Sera, levantó un grueso inventario, que abarca varios continentes y subcontinentes. Otros medios, como la británica revista The Economist, lo confirmaron por su lado. La imagen total sólo se forma componiendo informaciones policiales locales, a veces muy poco espectaculares en sí mismas. Hizbulá importa buena cocaína sudamericana, diamantes del África negra, cigarrillos contrabandeados de los Estados Unidos. También vende un Viagra dudoso y carteras europeas de marcas epónimas, pero que son sólo hábiles copias. Todo esto hace falta y todo vale para financiar “la resistencia armada” contra las facciones sunitas y contra el gran enemigo, Israel.
El Líbano siempre fue un centro para los negocios en el Mediterráneo (es la tierra de los antiguos fenicios). Y, después de todo, Hizbulá es una organización libanesa. Que no ha perdido el pulso del comercio entre tanta prédica sacra. Y en los negocios, como en la guerra, aparentemente todo es legal. La noticia que más sorprendió, en el contexto de la religiosidad islámica, fue que Hizbulá también recibía dinero del tráfico de Viagra, la píldora que se publicita como la mayor contribución de la historia farmacológica a la sólida erección peneana. Una noticia que parece construida por la prensa norteamericana para alimentar fantasías políticas, con el objetivo de debilitar la imagen, también dura, de gente que da todo, hasta su vida, por ideas religiosas. En el último año, investigadores privados desbarataron una organización libanesa que operaba en los estados norteamericanos de Carolina del Norte y de Michigan, pero que tenía contactos repartidos alrededor del globo. Las sumas que obtenía eran multimillonarias, y una parte fija se giraba al movimiento islámico. Se estima que las ganancias llegaban a unos diez millones de dólares mensuales.
Las restantes actividades comerciales de Hizbulá son igualmente redituables. En 2006, la policía ecuatoriana desmanteló una organización libanesa que trataba con los carteles de cocaína regionales: el 70% de las ganancias estaba destinado a las arcas de Hizbulá. Y de Estados Unidos Hizbulá recibió unos 20 millones de dólares, merced a redes instaladas en Detroit y Charlotte que traficaban cigarrillos y Viagra. En África, el tráfico de piedras preciosas, que alimentó guerras locales como las de Liberia y Sierra Leona, suele conocer cabecillas libaneses que son musulmanes chiítas. Todos los acusados afirman que se trata de negocios limpios, que realizaban actividades comerciales en congruencia con las leyes nacionales e internacionales. No le será fácil al FBI probar lo que sabe: que el dinero terminaba en Beirut.
Paralelamente al desmantelamiento de estas redes comerciales, Hizbulá sigue apoyando “la batalla moral” que emprendió el gobierno de Teherán en contra de los productos occidentales. Hasta no hace mucho, la TV iraní repetía un aviso de tres minutos que invitaba a la población a boicotear los “productos israelíes”. “¿Qué quiere decir Pepsi?”, preguntaba el locutor. La respuesta era cantada: “Pagar cada centavo para salvar a Israel”. Pero hay también munición televisiva en contra de Coca-Cola (“lista para invertir millones de dólares con el objeto de debilitar la Revolución Islámica”), en contra de Intel y hasta de la suiza Nestlé (“influencia del capital sionista”). Para Hizbulá, como para Teherán, el dinero a veces sí tiene rostro.
Un funeral desató nuevos enfrentamientos en Trípoli
Fuerzas chiítas y sunitas volvieron a enfrentarse ayer en Trípoli y en pueblos cercanos del norte del Líbano. Los combates habían cesado el domingo, cuando las milicias se replegaron del centro de Beirut ante la intervención del ejército libanés. Todo parece indicar que la violencia renació a causa de un malentendido: mientras un grupo de chiítas celebraba el funeral de uno de sus militantes caídos en batalla, fuerzas leales al gobierno interpretaron que los opositores preparaban un nuevo ataque. De inmediato se reanudaron los combates entre ambos bandos con granadas antitanque, armas pesadas y morteros. Según un informe de los paramédicos libaneses, 16 combatientes murieron el domingo y al menos 20 resultaron heridos. Hasta el momento, la crisis ya se cobró 61 muertos y 190 heridos. En Shweifat, al norte de Beirut, la lucha cesó luego de que el líder druso Walid Jumblatt instara a sus oponentes, también drusos y aliados con Hizbulá, a negociar una tregua que incluye la entrega del control de la zona al ejército libanés. Mañana llegará a Beirut una comitiva de la Liga Árabe que buscará mediar por la paz.
Fuente: Crítica de la Argentina - 13/5/2008.
| < Prev | Siguiente > |
|---|



