El Líbano mira a Occidente

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Escrito por PAUL SALEM

BEIRUT – Los votantes libaneses han decidido en las urnas una clara derrota de la alianza 8 de Marzo, encabezada por Hezbolá. En unas elecciones pacíficas y que se desarrollaron con total normalidad, la pro-occidental alianza 14 de Marzo obtuvo una clara mayoría de 71 bancas legislativas, frente a las 58 de sus rivales. Los resultados generaron un suspiro de alivio casi audible en las capitales árabes, así como en los gobernantes de Europa y América del Norte.

El temor a que la pro-siria y pro-iraní alianza 8 de Marzo lograra la victoria era palpable antes de las votaciones. El Presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad había previsto pública y ansiosamente ese resultado.

La victoria de la alianza 14 de Marzo es una buena noticia para el Líbano y la región, ya que ayudará a asegurar las buenas relaciones con los países amigos árabes y occidentales, y representa un triunfo silencioso de la moderación y el pragmatismo frente al el extremismo y la confrontación. También son buenas nuevas para la administración Obama, que había temido un retroceso regional poco después del histórico discurso de presidente estadounidense en El Cairo el 4 de junio.

La elección da además una muy necesaria medida de estabilidad y legitimidad a la coalición gobernante 14 de Marzo, compuesta por el movimiento mayoritariamente sunita Futuro, encabezado por Saad Hariri (hijo del asesinado Primer Ministro Rafik al Hariri), el partido Socialista, liderado por el líder druso Walid Junblat, y varios partidos cristianos. Aunque la coalición 14 de marzo ya controlaba el Parlamento, su mayoría había recibido repetidos ataques como resultado de una ley electoral gravemente sesgada.

Aunque la alianza 8 de Marzo resultó perdedora en las elecciones, no todos sus miembros se vieron afectados de igual manera. Además de Hezbolá, 8 de Marzo incluye al movimiento chií Amal, más secular, y el Movimiento Patriótico Libre, un gran grupo cristiano encabezado por el General Michel Aoun. Mientras Hezbolá y Amal arrasaron en los distritos chiíes del Sur y del Valle de Beqaa, confirmando su posición dominante entre los chiíes libaneses, Aoun obtuvo menos de la mitad de los votos cristianos.

Hezbolá puede sentirse bastante cómodo con los resultados. Ganar lo habría puesto en una posición complicada: los gobiernos árabes e internacionales habrían reaccionado negativamente, poniendo en riesgo las relaciones económicas y políticas de El Líbano. Una victoria de la alianza 8 de Marzo también habría fortalecido el argumento de Israel de que Hezbolá domina El Líbano, dejando al país más expuesto a ataques.

Más aún, si la coalición 8 de Marzo hubiera ganado, habría sido en gran medida gracias a los votos cristianos aportados por Aoun, que habría exigido entonces la presidencia libanesa, que está reservada para un cristiano. Ni Hezbolá ni Amal deseaban esto. Con una victoria del movimiento 14 de Marzo, Hezbolá está en una posición más segura ante la perspectiva de un ataque israelí o el aislamiento internacional, puede preocuparse menos de la gestión de la economía y las finanzas libanesas, y puede mantener su alianza con Aoun sin regalarle la luna.

En el futuro, el reto inmediato será formar el siguiente gobierno. La alianza 14 de Marzo ha declarado que formaría un gobierno de unidad nacional con la coalición 8 de Marzo, pero sin el poder de veto que la oposición ha estado exigiendo. Puede que las negociaciones demoren semanas, pero es poco probable que lleguen a un punto muerto o se decida ponerles fin. Ningún bando está interesado en una escalada o ruptura. Sus patrocinadores regionales e internacionales –Arabia Saudita, Estados Unidos, Siria e Irán- también están más interesados en estos momentos en la negociación más que en la escalada de los conflictos.

En asuntos de soberanía nacional, el nuevo gobierno debe seguir afianzando las fuerzas policiales y armadas nacionales, negociar con Hezbolá acerca de la integración de sus milicias a la estructura de seguridad estatal, e impulsar la paz regional, lo que beneficiaría mucho al Líbano.

Con respecto a la política económica y social, el gobierno debe manejar la deuda nacional, al tiempo que estimula la inversión y fortalece los programas públicos de salud y educación.

El gobierno también debe avanzar en la reforma electoral, ampliar la descentralización administrativa, realizar elecciones locales el 2010 y presentar un programa creíble para combatir la corrupción rampante.

Ninguno de estos retos será fácil.

Muchas cosas han ocurrido en el Líbano en los últimos cuatro años: la retirada de las fuerzas sirias, una serie de penosos asesinatos, una devastadora guerra con Israel en 2006, una difícil batalla entre el ejército libanés y un arraigado grupo terrorista llamado Fateh al-Islam, un año y medio de parálisis institucional entre fines de 2006 y principios de 2008, y una breve guerra civil en las calles de Beirut en mayo de 2008. Sin embargo, desde entonces el Líbano ha sido capaz de crear un gobierno de coalición, recuperar la seguridad y la estabilidad, enfrentar la crisis económica global y, ahora, organizar unas elecciones en gran medida libres y justas.

Gran parte de esto se ha logrado gracias a la ayuda regional e internacional, pero el 7 de junio el pueblo libanés, a través de las urnas, demostró que tiene la última palabra acerca de su futuro, precario pero potencialmente promisorio.

Paul Salem es Director de Centro Carnegie para el Oriente Próximo, de Beirut.

 

 

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